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Río 2016 Río da la bienvenida a los Juegos Paralímpicos con un espectáculo sensorial

El fuego vuelve a arder en la ciudad carioca con la esperanza de que los recortes no afecten a las competiciones

Río 2016: 
Río da la bienvenida a los Juegos Paralímpicos con un espectáculo sensorial

Los Juegos vuelven a Río. Semanas después de que la ceremonia de clausura diera por terminada la experiencia olímpica, Maracaná volvió a ver cómo el fuego iluminaba de nuevo el cielo brasileño. Ya están aquí otra vez los Juegos. Los Juegos Paralímpicos.

Durante semanas se habló de que peligraba la celebración de las competiciones, pero la aprobación de una nueva partida presupuestaria ponía fin a las sospechas. Habría Juegos, aunque con una serie de recortes que, en principio, no van a afectar a la experiencia de los deportistas. Esa es la promesa del Comité Organizador y quedan 11 días por delante para ver si la cumplen.

En la inauguración no hubo rastro de recortes. Río ofreció un espectáculo de luz y color similar al que se vio en los Olímpicos, prestando especial importancia en esta ocasión a los sentidos y a la forma de vivir de los atletas paralímpicos, dejando de lado el concepto de «superhombres» de otros Juegos.

Las piruetas de Aaron Wheelz, un hombre que nació con la espina bífida y que vio en su silla de ruedas un modo de crear espectáculo, dieron el comienzo al show. Su salto sobre una colchoneta inflable después de bajar una larga rampa se llevó la primera gran ovación de la noche y tras él llegaron fuegos artificiales y bailes que terminaron en una emocionante interpretación a piano del himno brasileño. Ese fue el paso a los atletas, los grandes protagonistas de los Juegos.

El primero en entrar en el estadio, casi a modo de homenaje, fue el nadador sirio Ibrahim Al Hussein, que compite en el equipo de refugiados, como independiente. Tras él, fueron pasando un país tras otro hasta que formaron en el centro del estadio un puzle con la imagen de un corazón que esperaba para latir al ritmo que marcaban las luces.

La nota de color la puso el equipo español. Capitaneada por José Manuel Ruiz como abanderado, la delegación nacional entró en Maracaná en el puesto 50. Saltos, bailes y muestras de alegría continuas del más de un centenar de deportistas que componen el equipo. Para muchos de ellos son sus primeros Juegos y los vivirán como una experiencia única.

Abucheos a Temer

Tras los atletas llegó el momento de los discursos. Carlos Arthur Nuzman, presidente del Comité Organizador, y Philip Craven, presidente del Comité Paralímpico Internacional, tomaron la palabra. Nuzman envió un mensaje a «todos los cariocas del mundo»: «luchamos por hacer un mundo más accesible para todos, sin barreras y sin obstáculos». Aseguró, además, que Brasil «nunca se rinde» y que los atletas paralímpicos pueden transmitir esa pasión que necesita el país. Su discurso fue bien hasta que mencionó al Gobierno para agradecer su apoyo, algo que fue primero abucheado por el público y después respondido al grito de «Brasil, Brasil», sin que pudiera continuar hasta minutos después.

Craven, por su parte, se mostró orgulloso de traer a Río los primeros Juegos Paralímpicos de Suramérica. «Durante los próximos 12 días veréis la verdadera definición de la palabra habilidad», aseguró antes de dar paso al presidente Michel Temer para que diera por inaugurados los Juegos entre gritos y abucheos de «Fuera Temer».

El gran ausente fue Thomas Bach, que no acudió a Río por el fallecimento de su amigo Walter Scheel, expresidente de la República Federal Alemana. Es la primera vez en la historia un presidente del COI no acude a la inauguración de los Paralímpicos.

Encendido con mensaje

La bandera paralímpica entró después en el estadio con un claro mensaje de futuro. Todos los portadores eran niños con algún tipo de dolencia que les impide andar correctamente pero que no hizo imposible que tuvieran su parte de protagonismo en la inauguración. También lo tuvo la bailarina Amy Purdy, una chica a la que le tuvieron que amputar las piernas a causa de una meningitis con 19 años, que deslumbró a todo Maracaná con sus espectaculares movimientos acompañada de un robot.

Y tras ella llegó la antorcha paralímpica y, como si estuviera también en el guion, con ella lo hizo la lluvia. Antonio Delfino, ganador de tres oros paralímpicos, la llevó hasta Maracaná y una vez allí Clodoaldo Silva cogió la llama para llevarla en silla de ruedas hasta el pebetero. Para llegar había subir unas escaleras y, mientras él parecía decir «¿y ahora qué?», los escalones se transformaron en una rampa que le permitía el acceso. El fuego llegó al pebetero y la llama iluminó Río. Y así será hasta el 18 de septiembre.

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