Fútbol

Sanciones contra la solidaridad

El castigo a Boateng por mostrar apoyo a las víctimas del seísmo en Italia reabre el catálogo de multas incomprensibles

Sanciones contra la solidaridad
JOSÉ CARLOS CARABIAS Madrid - Actualizado: Guardado en: Deportes , Fútbol

Superado el minuto 51 del partido entre Las Palmas y el Granada, Kevin Prince Boateng se dirigió a la banda derecha mientras su equipo atacaba al portero mexicano Memo Ochoa en el segundo partido de la Liga, estiró el brazo, movió los dedos y reclamó algo a un empleado del club. El ghanés, rutilante fichaje del club canario, envolvió su corpachón de 1,87 metros y 86 kilos en una hermosa lámina: una camiseta blanca con una leyenda en azul, Forza Italia, 27.08.16. Cálido homenaje a las 292 víctimas del terremoto de Amatrice, cuyo funeral se había celebrado tres días antes y había dejado una gloriosa sentencia del obispo de Rieti, Domenico Pompili: «El terremoto no mata. Matan las obras del hombre». Boateng, recién casado con la modelo italiana Melissa Satta, señaló al cielo mientras sujetaba la camiseta con los pulgares. Sin saberlo, había reabierto el catálogo de las sanciones absurdas en el fútbol español.

El propósito solidario de Boateng ha chocado contra el sistema de responsabilidad objetiva, un concepto sajón del derecho según el cual un sujeto responde de un hecho causado por él aunque no haya tenido voluntad de realizarlo. Es el modelo que se impone en España y rige el artículo 91 del Código Disciplinario de la Federación Española de Fútbol. «El futbolista que, con ocasión de haber logrado un gol o por alguna otra causa derivada de las vicisitudes del juego, alce su camiseta y exhiba cualquier clase de publicidad, lema, leyenda, siglas, anagramas o dibujos, sean los que fueren sus contenidos o la finalidad de la acción, será sancionado, como autor de una falta grave, con multa de hasta 3.000 euros».

Boateng se acordó de los muertos en Italia, donde jugó cinco años para el Milán, y tiene que pagar 3.000 euros por ello. «No tiene un pase -explica a ABC el abogado Ignacio Arroyo, especializado desde hace años en el derecho deportivo-. El modelo sajón es lo que se lleva ahora en el derecho deportivo. Un modelo aséptico».

El asunto resulta incomprensible para el aficionado. En Las Palmas se ha promovido alguna plataforma para que esa multa vaya destinada a los damnificados del seísmo en vez de a la caja de caudales de la Federación. «El derecho español, que está inspirado en el romano, se basa en el ánimo objetivo, según el cual se prohíbe, y el ánimo subjetivo, que consiste en decretar si hay un afán por ofender -argumenta Arroyo-. Si saco un cartel con ‘Viva ETA’ es evidente el interés por molestar. No es el caso de Boateng».

El fútbol como transmisor de valores no encaja en el régimen federativo, que penaliza de igual modo una camiseta pro-Palestina de intención política (Kanouté) que una dedicatoria a los niños enfermos de cáncer. Esto le sucedió a Jona, jugador del Jaén que escribió en su camisola: «Ánimo pequeñines. #día mundial del cáncer infantil». Fue sancionado inicialmente con 2.000 euros, aunque luego el Comité de Competición anuló la multa.

Demostrada su sensibilidad escasa, las autoridades futboleras son inclementes con las manifestaciones privadas de afecto elevadas a luz pública. A David Villa le importó muy poco el rejón de 2.000 euros a cambio de recordar sus emociones familiares. «Imposible sin vosotras», dedicó a su mujer e hijas. Messi tal vez ni se enteró que Competición le multó con 2.000 euros por felicitar a su madre en su cumpleaños. El sportinguista Diego Castro pagó gustoso 3.000 euros por recordar al ídolo de El Molinón, el entrenador Manolo Preciado.

El asunto no es exclusivo de España. La Federación turca entendió que los mensajes de Drogba (Gracias, Madiba) y Eboué (Descansa en paz, Nelson) en pésame y recuerdo de Mandela podían herir la sensibilidad del público. La liga griega también ha secundado los preceptos del fútbol auspiciados por la FIFA. Castigó económicamente a Kamara, nacido en Sierra Leona, quien protestó a través de una camisa negra. «Somos africanos, no un virus», proclamó en plena expansión del ébola.

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