La selección española, ayer en San Petersburgo
La selección española, ayer en San Petersburgo - REUTERS
Mundial de Rusia 2018

Rusia, inquieta por un Mundial sin entusiasmo

A siete meses del comienzo del torneo, la anfitriona se mide a España en San Petersburgo con críticas a su selección y fuertes medidas de seguridad

Corresponsal en MoscúActualizado:

El pobre resultado obtenido por la selección rusa de fútbol en la pasada Copa Confederaciones, que logró una única victoria frente a Nueva Zelanda, y el 0-1 que encajó ante a una Argentina floja el sábado en el flamante estadio de Luzhnikí de Moscú no son elementos que contribuyan a elevar el entusiasmo de los aficionados. Por todas partes se escucha que la derrota en el partido de hoy ante España «será todavía más contundente y dolorosa».

La desmoralización es general. La decepcionante actuación de la escuadra rusa ya desde hace tiempo amenaza con ser un factor de desmovilización de los hinchas rusos. «Son unos señoritos nuestros futbolistas. Perciben unos sueldos astronómicos, pero no dan la talla en la debida proporción», estima Guennadi un moscovita que llegará hoy en tren a San Petersburgo para asistir el partido de su equipo contra la Roja.

A toda máquina

Quedan siete meses para el comienzo del Mundial de Rusia 2018 y los preparativos continúan a toda máquina. Es verdad que, durante la Copa Confederaciones de este año, Rusia demostró una gran capacidad organizativa. Se lo reconoció, no solo la FIFA, sino muchos futbolistas, técnicos y aficionados. Todo funcionó perfectamente: infraestructuras, seguridad, transporte, voluntarios y burocracia. Pero el desafío del año que viene es mucho mayor, ya que habrá más equipos, más hinchas y más ciudades implicadas.

El presidente ruso, Vladímir Putin, que se propone utilizar el campeonato para tratar de mejorar su desgastada imagen internacional, como ya hiciera en 2014 con la Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, tuvo que reconocer el mes pasado que hay retrasos en la construcción de muchas infraestructuras deportivas en las once ciudades sede. Calificó estas demoras de «inaceptables», pero prometió que meterá prisa a los responsables concernidos.

El viceprimer ministro y presidente de la Unión de Fútbol de Rusia, el polémico Vitali Mutkó, afirmó que los retrasos «no son críticos y se podrán subsanar». En donde van peor es en Samara y en especial en su estadio. Justifican los problemas por los nuevos cambios exigidos por la FIFA sobre el proyecto original. Además, el aeropuerto está mucho más lejos de la ciudad que en el resto de las sedes y habrá que hacer también un esfuerzo en la cuestión de transportes.

En Moscú, ciudad luminosa que no cesa de acicalarse día a día de cara al Mundial, tiene todavía sin construir una tercera pista en el aeropuerto de Sheremétievo, imprescindible para poder digerir el flujo de aficionados de todo el mundo el próximo verano. El esplendoroso estadio de Luzhnikí, inaugurado el sábado tras su renovación con el encuentro frente a Argentina, que será escenario de la final del Mundial, deberá resolver todavía algunos problemas.

Mala evacuación

Hubo fallos organizativos que bloquearon durante más de una hora a los espectadores de la gradas altas. No pudieron salir inmediatamente al final del partido por los atascos que se formaron, incluso en el corto camino que media entre el estadio y la estación de metro. Hubo más de 78.000 personas, un verdadero récord de asistencia, y tuvieron que pasar por un estrecho pasillo dispuesto por la Policía para poder abandonar el recinto y acceder a la red de transportes municipal. Mutkó ha prometido que no volverá a pasar nada perecido.

Después de que el Daesh amenazara a Rusia y al campeonato de fútbol en particular, la seguridad estará más que reforzada. El temor es que medidas excesivamente drásticas causen molestias a los hinchas, situaciones como la vivida en Luzhnikí o detenciones arbitrarias como pasó en la Copa Confederaciones. Las autoridades rusas sostienen que pondrán freno sin contemplaciones a los agresivos hooligans rusos a fin de descartar desórdenes y agresiones de carácter racista.