Ignacio Ruiz Quintano - El Bar de Mou

La Roja y el «carcinus maenas»

Ignacio Ruiz Quintano
Actualizado:

Desde que el mundo es mundo, la única forma de separarse de una nación constituida ha sido la guerra. Pero los separatistas catalanes, que creen que el mundo no es más que una cuestión de diseño, pretenden inventar, con el aplauso de los tontos útiles y los compañeros de viaje, el separatismo a mano alzada, y votar que rompen España como cuando en la junta de vecinos se vota la derrama para la bajante de la comunidad.

En Roma, donde sabían de Estado y de Derecho bastante más que en la España del Consenso, a los reos de sedición se los metía desnudos en un saco con serpientes y se los arrojaba al río.

Cataluña, en cambio, impone la moda de la sedición como «esnobada», y sus futbolistas internacionales, que constituyen la aristocracia intelectual de la región, la pasean con la camiseta de… ¡la Roja!, denominación que se dio al Combinado Autonómico de Fútbol en nombre del Diálogo.

—No hay que mezclar política y deporte –dice el zampabollos que ante una final copera avisaba al mundo del peligro que corrían en Madrid las aficiones de Bilbao y Barça por el fascismo de Esperanza Aguirre.

Lo dice en defensa de Piqué, el propagandista de la sedición que en el rancho de Villar juega a la pocha en la concentración de Lopetegui y Sergio Ramos (Ramos no puede ser capitán de nada: si acaso, el sargento Arensivia de Ivà) para no oír el discurso del Rey. El bote con agujeros para meter la pajita está por encima de cualquier otra consideración, pero este «hermoso ideal» lo tapan con la pena mora de que Ramos y Piqué acaben como Divac y Petrovic, sin hablarse, como si eso tuviera importancia, y lloran, y lloran, y lloran. Ay de mi llorona, llorona, llévame al río. / Tápame con tu rebozo, llorona, porque me muero de frío…

Como hiciera Fernández Flórez con el Estatuto catalán, es absolutamente necesario para comprender con claridad lo que ocurre en esta cuestión del Combinado Autonómico que hablemos del «carcinus maenas».

El pequeño cangrejo que lleva ese nombre ni siquiera hace una buena sopa: fue producido por la Naturaleza para que sirviese de ejemplo de la Roja.

En la cara neutral del caparazón lleva, incrustado, un cuerpo blando, amarillento, que se llama saculina, que extiende por el organismo del cangrejo una red de filamentos con los que chupa y asimila lo que el pobre «carcinus» ingiere y digiere. Y engorda, crece y se reproduce a su costa. Es dichosa porque el «carcinus» lo hace todo por ella.

Todo iría bien, si no fuera porque también existe la danalia, un isópodo parasitario que se fija sobre la saculina, introduce en ella su trompa chupadora y ya no la suelta más.

A semejanza de los políticos separatistas del Estado, los deportistas separatistas utilizan del Combinado Autonómico cuantos jugos vitales necesitan para favorecer el desarrollo de su economía de «figuras globales». Nada hacen por engrandecer el Combinado, y si les importa que no desaparezca es porque la muerte de él implica la de ellos. Son sutiles, conocen perfectamente la anatomía de ese Combinado y por dónde han de introducir sus canales de aprovechamiento.

—Las melodías de la famosa obra de Verdi acariciarán sus oídos esta noche como los cheques de la señora Claypool acarician nuestros bolsillos.

Aquí la famosa obra de Verdi es el Mundial de Rusia, y la señora Claypool, Roures, el Basilisco de la Lucha de Clases.

El ideal de Piqué, pues, no es soltar al «carcinus», sino que le libren de la danalia.

Hola corazones

Lopetegui, que, como todos los profesionales del balón, tendrá problemas para entender el significado del concepto de «sedición», es el «Hola, Corazones» del fútbol, ese estado de ánimo. ¿A qué obedece el estado de ánimo que un día te coloca sentimentalmente del lado de Albania en un partido contra el Combinado Autonómico? A que la enemistad deportiva de Albania no pasa de ser contingente mientras que la enemistad política de los separatistas de «la Roja» es, por su naturaleza, necesario. Como entre dos males, uno necesario y otro contingente, el primero se reputa por mayor, el corazón nos arroja en brazos del segundo. Eso es todo.

IGNACIO RUIZ QUINTANOIGNACIO RUIZ QUINTANO