Aficionados se lamentan en un bar de Italia de la eliminación de su selección del Mundial de Rusia 2018
Aficionados se lamentan en un bar de Italia de la eliminación de su selección del Mundial de Rusia 2018 - AFP

Mundial Rusia 2018Italia llora la eliminación

Indignación contra los dirigentes de la Federación y el entrenador. Se pide su inmediata dimisión porque no hay excusas

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No se recuerda en Italia una desilusión colectiva como la que se vive tras la eliminación de su selección nacional de fútbol ante Suecia. Nada comparado con la decepción sufrida en 1958, la única vez que Italia dejó de ir a un mundial, campeonato que ganó en cuatro ocasiones. Pero entonces no se contaba con la fuerza de la televisión: el partido tuvo una audiencia del 48,5 %, un récord. Las lágrimas de Gigi Buffon, que soñaba con participar en su sexto mundial y convertirse en una leyenda, se han convertido en el símbolo de la amargura y decepción de todo un país. Ha sido un llanto compartido en el país, sobre todo emocionan las imágenes de niños llorando sin entender en absoluto la derrota. Tampoco la han tragado los mayores. Después de las lágrimas e infinita tristeza por ver a «Italia fuera del mundo» –este es el titular de «Il Giornale», para dar idea de lo que significa esta derrota para la imagen del país- hoy es el día de la indignación.

Basta entrar en cualquier bar o escuchar cualquier conversación, y el tema es siempre el mismo: «Esto es una vergüenza nacional, hay que echarlos a todos», nos dice Giorgio Bei, un tifoso del Roma que se hace portavoz de un grupo de amigos que discuten animadamente en un bar, cerca de la céntrica plaza Navona, sobre el «desastre histórico del fútbol italiano». Este es el comentario general de los italianos, furibundos sobre todo contra el presidente de la Federación Italiana de Fútbol, Carlo Tavecchio, y el entrenador Giampiero Ventura. El primero ha dicho que «mañana se adoptarán decisiones sobre el futuro». Pero la ira es tal que produce extrañeza en la gente el que aún no hayan dimitido: «Se tenían que haber marchado ya a su casa», dice con rabia Carlo Monetti, en otro corro de jubilados que exteriorizan su amargura en una abierta discusión al lado de la plaza del Panteón.

En verdad, el presidente de la Federación, Carlo Tavecchio, fue siempre visto por los aficionados como un personaje extraño e incompetente. Ni siquiera estaba bien considerado por muchos presidentes de equipos de la Serie A, pero al final –este es el caso del Juventus- lo aceptaron como máximo dirigente del fútbol italiano, porque pensaban que sería fácil manipularlo, dada su falta de personalidad como dirigente. Tavecchio se sacó de la manga la elección de Ventura como entrenador, quien a sus 69 años contaba con un pobre historial deportivo.

Giampiero Ventura, muy criticado, llevó a la selección al precipicio. Italia no tenía ante el equipo de Suecia una montaña para escalar. Recuperar el 1-0 del partido de ida, no era una empresa épica. El que Italia no haya sido capaz de meter un gol, un solo gol, al modesto equipo de Suecia, les parece algo increíble a los italianos, aunque reconocen hoy que su «nazionale» está en una fase descendente desde hace años, como demuestra el hecho de que en los dos últimos mundiales fue eliminada en la primera fase. En los últimos tiempos se echaban las culpas de los malos resultados a las lesiones, a veteranos cansados, a la ausencia de talentos… y, sobre todo, a la incapacidad del entrenador Ventura. Pero hoy, ante el desastre, no se ve justificación posible. El diario «La Stampa» señalaba que «esta derrota representa retroceder a Italia al medioevo». Desde luego, en lo que hoy coinciden todos los italianos es que su fútbol debe ser «refundado y partir de cero».

Será muy difícil para los aficionados reponerse de esta decepción. No se hacen a la idea de no disfrutar de las noches mágicas que vivían cada cuatro años con el mundial. Porque todos los ciudadanos de este país esperan el mes del Campeonato del Mundo con ánimo de disfrutar de partidos históricos, y con la esperanza de poder contar momentos de gloria de la «nazionale», como el Italia-Alemana (1970), Italia-Brasil (1982), con el grito de Tardelli tras su gol en la final del Bernabéu, o Italia-Francia (2006).

La derrota supondrá unas pérdidas en contratos de publicidad y de televisión de unos 100 millones de euros para la Federación. Pero, sobre todo, es un daño al fútbol italiano e incluso a la imagen del país. «Es una vergüenza nacional», titula el diario «Il Messaggero». Todo transcurre muy rápido, pero a los italianos les costará tiempo pasar página y olvidar la lección que recibieron en el estadio de San Siro.