Mascherano se emociona durante su despedida
Mascherano se emociona durante su despedida - REUTERS
Fútbol

Mascherano, el adiós soñado

El Camp Nou, rendido, despidió al argentino, que hoy firmará con el Hebei Fortune chino

BarcelonaActualizado:

El poeta brasileño Mario Quintana tuvo una bucólica manera de definir lo que puede llegar a ser una despedida. «Las manos que dicen adiós son pájaros que van muriendo lentamente», expresó el escritor. Y viendo el homenaje que el Camp Nou tributó a Javier Mascherano, uno de los suyos, era inevitable no rememorar la cita. Tras decir adiós rodeado de sus compañeros y posando con los 17 títulos que ha ganado en sus 334 con la camiseta azulgrana, el argentino levantó por última vez los brazos desde el círculo central del estadio barcelonista, adonde arribó como suplente de Sergio Busquets y se consolidó como titularísimo en el eje de la zaga.

Un pequeño problema físico y la supresión de riesgos antes de que estampe su rúbrica en el contrato que le ligará al Hebei Fortune, desaconsejaron que se vistiera de corto y se despidiera como le hubiera gustado, con las botas puestas. Hoy firmará con el equipo chino hasta finales de 2019 y se pondrá a las órdenes de Manuel Pellegrini, que quiere pelear la Superliga con el santaferino en sus filas. El técnico chileno fue el que le hizo debutar en River Plate hace 15 años, un aliciente más para el futbolista sudamericano, que también tendrá como a compañero a uno de sus amigos en la selección: Ezequiel Lavezzi.

Promesas cumplidas

Mascherano cumple con las tres promesas que le hizo a Josep Maria Bartomeu cuando le solicitó una salida consensuada. La primera, esperar a que Umtiti estuviera recuperado (el francés ya volvió a jugar el pasado domingo ante el Betis tras la lesión de Vermaelen). La segunda, que el club pudiera cerrar la contratación de un sustituto (Yerry Mina fue presentado el pasado 13 de enero). Yla tercera, que dejara un ingreso en las arcas del club (el Hebei Fortune pagará unos 5,5 millones de euros en concepto de traspaso, a los que hay que sumar la parte proporcional de la elevada ficha que se ahora el Barça).

En la salida de Mascherano subyacen varios motivos. El primero es futbolístico. Necesita jugar y recuperar su protagonismo en el centro del campo para poder disputar el Mundial de Rusia 2018. Fue la condición que le impuso Jorge Sampaoli para convocarle para la cita mundial. El segundo motivo es económico. Con 33 años, tiene la oportunidad de firmar un último contrato muy elevado. Ser líder en un equipo chino, con minutos asegurados, con la posibilidad de disputar el Mundial y un contrato muy jugoso, decantan la balanza en la que en el otro platillo pesa menos la posibilidad de ser un actor secundario en un equipo de primer orden como el Barcelona.

Rodeado de sus amigos

Precisamente, este fue el discurso que utilizó cuando se despidió de forma oficial, sin poder contener algún que otro sollozo. Y es que como aseveró el dramaturgo austriaco Arthur Schnitzler, «las despedidas siempre duelen, aun cuando haga tiempo que se ansíen». Podría suscribirlo el propio Mascherano que afirmó que «me he quedado hasta el último día que habíamos pactado, ellos querían que siguiera, pero tenía que ser un poco egoísta, pensar en mí e intentar no perjudicar a nadie».

Rodeado de mitos como Puyol o Abidal, además de toda la plantilla y cuerpo técnico, el argentino explicó como se gestó su decisión: «Venía pensando en este final y llegó el momento. Siempre he dicho que lo más difícil de estar aquí era que un día te tenías que ir. El paso del tiempo ha sido un indicador, la pérdida de protagonismo... Antes de poner en un compromiso al club y no terminar bien traté de buscar una solución para que todos acabáramos satisfechos». Y desveló que «tanto tiempo en un lugar como este desgasta muchísimo. A veces es mejor hacer un reset y arrancar de nuevo. Acabar mi carrera en el fútbol de elite en el Barça es un privilegio». Y mientras levantaba los brazos en el centro del Camp Nou seguro que recordó que «vine a vivir un sueño y ahora toca despertar».