Bundesliga

RB Leipzig, un equipo tan temido como odiado

Si vence hoy al Mainz, el único club de la antigua Alemania del Este que juega en la Bundeliga igualará al Bayern Múnich en lo más alto de la clasificación si vence al Mainz

Es el mejor debutante en la historia de la liga, pero los hinchas rivales rechazan el fútbol-negocio que ha instaurado su dueño, el millonario propietario de Red Bull

Los jugadores del Leipzig celebran un tanto en su partido de la anterior jornada
Los jugadores del Leipzig celebran un tanto en su partido de la anterior jornada - AFP

El Bayern Múnich empató este sábado en su estadio ante el Hoffenheim (1-1), tercero, y sigue al frente de la Bundesliga después de diez jornadas. Pero el RB Leipzig, que recibe al Mainz, puede cazar hoy al conjunto de Carlo Ancelotti, del que le separan solo tres puntos. Un éxito aún más relevante porque es su primera temporada en la máxima categoría. Convertido en el mejor debutante en la historia del campeonato alemán, el club propiedad del magnate austriaco Dietrich Mateschitz genera sentimientos encontrados entre los aficionados de todo el país. Admirado por una minoría que alaba la trayectoria de un club con apenas nueve años de vida, la inmensa mayoría rechaza un proyecto que triunfa a base de millones y que, según ellos, pone en peligro la cultura popular que rodea al fútbol en Alemania.

[Clasificación de la Bundesliga]

El origen del RB Leipzig, club que nació en 2009 y que ha encadenado cuatro ascensos desde entonces, provoca rechazo visceral entre las hinchadas rivales. Lo que en otros lugares hubiera sido motivo de admiración, en este país genera controversia. Y es que la polémica acompaña desde su gestación a un equipo que ahora brilla en la Bundesliga y que tiene como objetivo futuro pisar la Champions League. La historia del Red Bull Leipzig comenzó torcida desde que a Mateschitz, fundador de esa conocida marca de bebidas energéticas, se le antojó tener un club en el fútbol germano, su gran pasión. Ya dirigía el Red Bull Salzburgo en la máxina categoría de Austria, pero no se conformaba. Con presencia en el mundo del motor a través de la Fórmula 1 y del campeonato Nascar, dueño de un equipo de hockey y mecenas de deportes de riesgo, este exitoso hombre de negocios ha visto cumplido su deseo de poseer su propio equipo en Alemania. Le costó conseguirlo por la mentalidad y sentido de pertenencia que rodea al fútbol alemán. Antes intentó comprar otras entidades, pero los socios se rebelaron.

Muchos ven en la llegada de este multimillonario «un atentado» contra las tradiciones del fútbol alemán, donde prima un concepto: este deporte es de los aficionados y los socios. Es el único país de Europa en el que rige la conocida como regla del 50+1. Los hinchas deben tener el 51 por ciento de las acciones, aunque el magnate austriaco buscó resquicios legales para comprar, en 2009, el SSV Markranstadt, un equipo con graves problemas económicos que militaba en la quinta división. Cambió sus colores, el escudo, el nombre del estadio y también el de una entidad que pasó a llamarse RB Leipzig. Una denominación que aumentó la controversia porque todo el mundo sabe que esas siglas hacen referencia a Red Bull, la gran empresa de Mateschitz, aunque oficialmente el club se denomina RasenBall Leipzig porque en Alemania los equipos no pueden utilizar nombre comercial. La propia palabra RasenBall (balompié de hierba) es un término que chirría porque no se usa habitualmente en Alemania y extraña su vinculación con el club.

Continuas provocaciones

El Leipzig, primer club de la antigua Alemania del Este que aparece en la Bundesliga desde 2009, siente el rechazo de las hinchadas rivales. Sus jugadores padecen pitadas, insultos y acciones de lo más desagradable. Esta temporada, en un partido de Copa, los radicales del Dynamo Dresden arrojaron al césped una cabeza de toro, el símbolo que comparten Red Bull y el Leipzig. Las provocaciones son innumerables. Desde ese estadio donde por megafonía no dejó de pincharse el «Money, money, money» de Abba para acompañar el calentamiento del equipo hasta el día en el que todo un campo se vistió de luto para escenificar la defunción del fútbol que supone la presencia del equipo Mateschitz. «En Leipzig ha muerto la cultura del fútbol» fue la enorme pancarta que se leyó aquel día en unas gradas en las que el negro era el único color que se podía distinguir.

La agresiva política de fichajes de jóvenes promesas contribuye a que este club no cuente con simpatías más allá de su propia afición. El Leipzig, ciudad que presume de tener el primer campeón del fútbol alemán (el VfB Leipzig, en 1903), ha encontrado un filón en los equipos de la antigua Alemania del Este y contrata a sus futbolistas más prometedores a base de talonario. Una filosofía que los clubes y las aficiones rivales, que apuestan por una visión más romántica del deporte, consideran otra grave amenaza.

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