Real Madrid-Legia Kapuscinski, portero del Legia de Varsovia antes que icono del periodismo

Tras la II Guerra mundial, el mejor reportero de la historia fue guardameta del equipo juvenil polaco, rival mañana del Real Madrid en Champions

Kapuscinski, en su casa de Varsovia
Kapuscinski, en su casa de Varsovia - ABC

Solo tenía siete años y medio, pero la soleada mañana del 1 de septiembre de 1939 nunca desapareció de sus recuerdos. En casa de su tío paterno, en Pawlow (Polonia), donde la totalidad de la familia solía pasar las vacaciones, el abuelo de Ryszard Kapuscinski dio el aviso: «¡Niños! (gritaba mientras señalaba con su bastón a un cielo azul que comenzaba a llenarse de puntos plateados -aviones-). ¡Recordad este día! ¡Recordadlo!» .

El sabio anciano tenía toda la razón. Aquel viernes de finales de verano la Alemania nazi de Hitler inició la invasión de Polonia que dio origen a la II Guerra Mundial. Desde entonces, y hasta el fin del mayor conflicto bélico de la historia de la humanidad, Kapuscinski y sus padres vivieron en una constante huida, en un deambular sin fin hacia ningún sitio, por pueblos calcinados y campos de batalla impregnados de un fuerte hedor a carne de caballo en descomposición. Librarse del próximo bombardeo y hacerse como fuera con un triste mendrugo de pan fue el único día a día durante seis largos años de hambre y miseria en el que el solo el fútbol sirvió de evasión a Kapuscinski.

Inicios en Pinsk

«Mi contacto con el fútbol viene de antiguo, del ya remoto mundo en el que pasé mi infancia. En mi pequeña ciudad natal (Pinsk) había un equipo, orgullo de todo el pueblo. Por aquel entonces tenía tres o cuatro años y no recuerdo ningún partido concreto. Lo único que registró mi memoria fueron los movimientos de la pelota por el campo y una situación, o mejor dicho, una rodilla: la ensangrentada rodilla de un jugador. Había recibido una patada y caído sobre la hierba. Veo fútbol desde hace sesenta años, cuando y donde puedo, y a decir verdad, sólo gracias a él hay un televisor en casa», escribió el maestro Kapuscinski en «En el mundo de hoy», su obra con marcado carácter autobiográfico

Fue en septiembre de 1945, momento en el que la guerra llegó a su fin y la familia se asentó en Varsovia, cuando Kapuscinski tuvo su primer contacto con la lectura. Nunca antes había ido a la escuela y allí encontró la otra gran pasión de su vida, la escritura, junto al fútbol. Pero por entonces, el deporte rey aún estaba en el primer escalón de sus prioridades. Tanto que su carrera había empezado a echar vuelo: «La verdad es que en el colegio no me fascinaba sino una sola cosa: el fútbol. Yo hacía de portero en el equipo de escuela y luego jugué en el Legia de Varsovia, en su equipo juvenil. Pasaba días enteros en el césped del campo. Aquello era un arrebato, un delirio, mi vocación más apasionada», cuenta Kapuscinski, cuyo último gran servicio al periodismo fue cubrir el Mundial de 2006, meses antes de su fallecimiento el 23 de enero de 2007.

Una leyenda del fútbol polaco como referente

En aquella época de Kapuscinski como portero del Juvenil del Legia, el primer equipo lo lideraba una leyenda del fútbol polaco, Kazimierz Górski, que jugó durante ocho años (1945-1953) en el club de Varsovia: «Fue mi ídolo. Una persona humilde, profesional y honesta y el artífice del momento más glorioso de nuestro fútbol», detalla Kapuscinski. Como seleccionador, Górski le dio a Polonia un oro olímpico en Múnich 1972 y una plata en Montreal 1976, además del histórico tercer puesto en el Mundial de 1974 celebrado en Alemania.

Pero el destino tenía elegido otro futuro para Kapuscinski. A la vez que sus paradas le asomaban al fútbol profesional, comenzó a dar rienda suelta a su pluma. Escribía poesía de manera espontánea, centrada en temas de actualidad, aunque lo hacía «sin ninguna expectativa ni sueño de grandeza». De hecho, todas sus poesías «eran muy malas», asegura. Pero se equivocaba en su percepción. El diario «Sztandar Mlodych (El estandarte de la juventud)» acababa de nacer y le hizo una oferta de trabajo. Él contestó afirmativamente, pero con una condición: primero debía acabar la secundaria. Y así fue: «Literalmente después del último examen, empecé a trabajar en aquella redacción». Ahí, en el año 1949, murió el Ryszard Kapuscinski guardameta y nació el sublime periodista que llevaba dentro, ganador, entre otras distinciones, del premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003.

Mañana, por primera vez en su historia, el Legia pisará el Santiago Bernabéu, donde se medirá al Real Madrid, en la tercera jornada de la Champions. En las gradas del coliseo blanco habrá cuatro mil hinchas polacos soñando con una gesta. Y en el cielo, habrá uno más empujando. Pero no un cualquiera, sino el que un día fuera portero del Legia de Varsovia y acabó convirtiéndose en el mejor reportero de la historia del periodismo.

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