Italia-España Ramos: «Me han cogido la matrícula»

El capitán, después de su cuarto penalti, alzó la voz contra sus críticos

Sergio Ramos, en el partido ante Italia
Sergio Ramos, en el partido ante Italia - EFE

Tres meses después del baile italiano en París, España se quedó a medias en Turín, sensacional en el inicio y excitada desde la pelea de los himnos. Italia siempre gana con ese «Fratelli d’Italia» tan de pulmón y vena, pero esta vez no hubo miedo escénico ni nada que espantara a la selección de Julen Lopetegui, a quien se le debe conceder todo el mérito por rescatar varios conceptos que se habían oxidado en el trastero. De repente, España corre como en los tiempos de alegrías y al buen gusto por el fútbol se le añade una buena dosis de táctica, imprescindible en noches otoñales como la de ayer. En el Juventus Stadium, un campazo de lujo, la selección despertó con energía y dejó que se asfixiara la presa antes del sonrojante fallo de Gianluigi Buffon, del que se hablará más adelante porque tiene su miga. Con todo, Sergio Ramos le consoló con el enésimo penalti y se quedó mal cuerpo con el empate porque el triunfo valía medio billete para el Mundial de Rusia de 2018.

Ya al filo de la medianoche, y sin demasiadas voces de los protagonistas, Ramos se paró ante las cámaras y se despachó en la zona mixta. Lleva ya cuatro penaltis esta temporada y sale en demasiadas fotos, penalizado por esos deslices impropios. «Sí, es riguroso, se puede pitar, es el típico que pitan uno de cuarenta. No sé si por las últimas acciones pero me han cogido la matrícula y hay que hacer algo para intentar cambiarlo», aceptó el andaluz, siempre dispuesto a dejar algún recado. Fue masticando las preguntas y subió la temperatura a medida que ofrecía titulares. Cuando se le cuestionó por sus manchas, soltó la lengua. «Al mismo Buffon le puede pasar un error, pero aquí le aplauden y en España te pitan, es la gran diferencia. La envidia nos puede y aquí la admiración se ve por todos los costados. Que disfruten ahora los que me tienen que rajar que al final acabaran callados como todos estos años».

El cante de Buffon

Su comparecencia fue lo más movido del tercer tiempo de esta cita tan a la italiana. Desfilaban los chicos de Lopetegui algo mustios, contenidos porque un empate en Italia siempre tiene su parte positiva, pero el desenlace no fue el esperado después de ese prólogo tan revelador. Por momentos, España se asemejó a la buena España y únicamente se repitió el problema de siempre, el del gol. Ahí sí que importa poco que esté Del Bosque, Lopetegui o el entrenador del barrio. Marcar es como un parto.

Como cuesta tanto, se celebró a lo grande el ridículo cante de Buffon, incapaz de despejar un balón vertical de Busquets a Vitolo que dejó al canario a las puertas del cielo. Los mitos también fallan en Italia, pero no se hace tanta sangre con el capitán, quien ya en la previa dejó una frase premonitoria cuando se le preguntó por Casillas. «Lo que le está pasando a Íker quizá es una señal de que el tiempo se está acabando», dijo con media sonrisa. Esa patada al aire animó el clásico europeo y, de paso, despertó a Italia para que hiciera lo de siempre y sumara otra noche sin perder en casa sin que importe cómo juegue. Colaboró Sergio Ramos, que en el tramo final derribó a Éder y propició el empate de De Rossi. «Como decía el abuelo (Luis Aragonés), tengo la espalda y el culo pelado. Ni cuando me han halagado me he venido arriba ni cuando me critican me van a destruir».

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