Islandia estará en el Mundial de Rusia
Islandia estará en el Mundial de Rusia - EFE

Islandia, el país con más ovejas que habitantes, jugará el Mundial

La selección dirigida por Heimir Hallgrímsson suma a los cuartos de final de la pasada Eurocopa la presencia en el próximo Mundial

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Como el chocolate en Suiza, los coches en Alemania o la pizza en Italia. El fútbol en Islandia avanza a pasos agigantados para consignarse como referencia sociocultural de una nación popularmente reconocida por sumar más ovejas que habitantes. El frío, dirían sus 330.000 habitantes, ya estaba cogido, así que por qué no lanzarse de cabeza a hacerse dueños del fútbol nórdico. Ayer certificaron su presencia en el Mundial de Rusia al vencer por 2-0 a Kosovo.

Ya en la pasada Eurocopa parecía que el rizo no podía enroscarse más de lo que estaba tras alcanzar los chicos del ya mitificado Heimir Hallgrímsson, ese dentista que ahora se paseará por la competición más trascendente del planeta fútbol, los cuartos de final merced a una histórica victoria frente a Inglaterra. Obviado el componente prosaico de la misma, cuánto de poético hubo, ahora que se ve con cierta perspectiva, en que quienes ahora tienen en el fútbol uno de los elementos que los hacen más reconocibles como nación eliminasen al país que se apropia la invención de este deporte.

Contra las cábalas que osen tildar la clasificación de Islandia como una conjunción azarosa, cabe apuntar que el suyo era el único grupo que contaba con cuatro equipos presentes en el europeo de Francia. Croacia, Ucrania, Turquía y, como invitado de excepción, Islandia, conformaban la competición más igualada en el concierto del Viejo Continente. Diez jornadas después, los nórdicos terminan el grupo primeros con 22 puntos, dos más que Croacia, la selección de Modric, Rakitic o Mandzukic, que deberá buscarse la vida en la repesca.

A todos venció cuando debieron visitar tierras islandesas. Hubo una circunstancia que no por mundana puede pasar desapercibida: en todos llegó al pitido final con su puerta a cero. Reside ahí su principal valor, su capacidad para hacerse fuerte cada vez que se le presenta la ocasión de ceder la iniciativa al rival. Y esa misma virtud se alimenta del mismo plato que el mal que le acalambra cuando debe llevar las riendas de los partidos. Islandia ha crecido a una velocidad exponencial, pero aún no tiene base para ser una selección que domine los partidos desde la pelota.

El caso es que a la Copa del Mundo llegará con vitola de secundaria. Salvando el partido que en su grupo pueda tener contra un conjunto de corte inferior, lo boyante de la cita le permitirá afrontar sus compromisos desde la seguridad que le suministra poder hacer valer su más valiosa herramienta competitiva.

No se acomodó Islandia en la dulzura de las mieles del éxito, celebrado el de Francia, un hito irrepetible en el corto plazo, como merecía. Para ello llevan trabajando una década, construcción de campos cubiertos y profesionalización de sus técnicos mediante. Su competición nacional, enriquecida con cientos de extranjeros que ven en la liga islandesa una oportunidad para vivir del fútbol, crece a la espera de acreditar el nivel suficiente para que sus estrellas no se vean obligadas a salir del país para crecer.

Islandia mantuvo el colmillo afilado durante toda la fase de clasificación, confió en la fortaleza del compacto grupo que han erigido, en la calidad de Sigurdsson y en el corazón de Gunnarson, el barbudo conocido por capitanear, además de al equipo, las mediatizadas celebraciones corales que los futbolistas hacen tras cada encuentro con sus fieles. A la espera de alguna aparición insospechada de última hora, y con la esperanza puesta en que el delantero que debiera partir como titular, Sigthórsson, llegue a Rusia sin rastro de los problemas físicos que le vienen afligiendo, la composición del equipo que viaje a Rusia no deja lugar a muchas dudas. En algo se tendrá que notar que son el país más pequeño de la Historia en jugar una Copa del Mundo.