Hughes

Espacio-tiempo

Hughes
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Ir a ver a Xavi a Catar se ha convertido en una peregrinación hacia la sabiduría. De allí emana el conocimiento: «En el Barça entendemos el fútbol como espacio-tiempo. Busquets, Messi, Iniesta son maestros del espacio-tiempo. Esto hay futbolistas como Casemiro que no lo entienden».

En el próximo Barça-Madrid ustedes verán a un equipo jugando en tres dimensiones (lo ancho, lo largo y si acaso lo profundo), y otro que juega a cuatro, es decir, las otras tres más el tiempo. Lo profundo ya lo conocíamos por Lillo, pero ahora se nos revela el «tiempoespacio».

El Barça es la respuesta futbolística a la teoría de la relatividad de Einstein. El Barça juega un fútbol no euclidiano. El Barça es otra cosa.

Estaba la cuarta pared del teatro y ahora la cuarta dimensión de Xavi.

El dominio espacio-tiempo, que es como una facultad jedi, consiste en «dar esa vueltecita de 360º que te da el espacio». ¿Pero y el tiempo? El tiempo surge cuando en sus rotaciones Xavi gira cual derviche, rompe el hipercubo y curva el espacio liberando chorros de «valors», materia y tiempo. Empieza la jugada a las 10 e igual la acaba a las 9.30. ¿No han sentido esa sensación de relatividad en los largos tiquitacas?

Xavi es un poco la risión e incluso la fisión del átomo balompédico.

Las cuatro dimensiones culés no nacen de un sueño daliniano de Cruyff, sino del rondo, que según algunos el Barça practica desde los 70 (se le escapó a Vázquez Montalbán) y es como la sardana del balón. El acelerador de partículas futbolísticas. El hecho diferencial que llegó con el autonomismo y ya es institución. Tanto, que hace unos meses el Barcelona le dedicó un homenaje. «Homenaje al rondo», tal cual.

Es unidad mínima de autodeterminación del tiquitaca, acumulativo, democrático, variable. El rondo es derecho a decidir; una singularidad cultural que consiste en quedarse con la pelota, a la que se opone la predestinación del madridismo florentiniano, que ¿qué tiene?

El rondo ya es otra «revolución participativa» en el fútbol a la que el Madrid solo opone historia y destino, ¡pero eso es solo esencia! Esencialismo, dirá el progre adaptativo.

¿Qué es la nación ante un rondo alegre, creciente y multiplicativo? O dominas el espacio-tiempo, o no hueles la pelota.

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