Valverde y Zidane se saludan
Valverde y Zidane se saludan - AFP
La Liga

Barça, «made in Valverde»

Cuatro meses le han bastado al técnico para ganarse al vestuario y a la afición

BarcelonaActualizado:

Hasta antes del clásico, y durante los últimos años, la referencia estaba clara al hablar del equipo azulgrana: era el Barça de Messi. Y lo sigue siendo pero desde la victoria en el Bernabéu, también es un poco el Barcelona de Valverde como en su momento lo fue de Pep Guardiola. El técnico extremeño ha sabido meterse al Camp Nou en el bolsillo con su talante conciliador fuera del terreno de juego pero también por su trabajo dentro de su despacho y su estrategia desde el banquillo. Desde su llegada tuvo que sobreponerse a todos los problemas inimaginables, empezando por la marcha de una de las máximas estrellas, Neymar Júnior, y la lesión de gravedad del que debía ser su relevo, Ousmane Dembélé. Ydetrás cayeron Umtiti y Mascherano, entre otros, debilitando ostensiblemente la zaga amén de las otras líneas del equipo.

Lo encajó en silencio, con estoicismo, con la experiencia de los que saben que una maratón acaba en el último metro de los 42.195. Es consciente que no sirve de nada marchar en primer lugar durante 42 kilómetros si en el sprint final te superan. Por este motivo se abona a la prudencia cuando le preguntan si la Liga está sentenciada tras los resultados de la última jornada de este 2017, con derrotas de Atlético, Valencia y Madrid, que dejan al segundo a nueve puntos. «Claro que no. No ha terminado ni siquiera la primera vuelta. Llevamos ventaja, pero no nos fijamos en eso. Nos interesan nuestro partidos, nuestros puntos y nuestras sensaciones», asegura convencido.

Buena persona, buen técnico

Se ha ganado al vestuario también, como demuestran las plácidas suplencias de Leo Messi en los dos últimos partidos de Champions, uno de ellos en Turín, escenario inimaginable hace solamente medio año. Y ha sabido extraer el jugo de futbolistas que parecían desahuciados. Paco Alcácer, Aleix Vidal o Thomas Vermaelen son los ejemplos más claros. Los tres, que no entraban ni en convocatorias, dieron rendimiento inmediato en cuanto los necesitó y les dio una oportunidad. De hecho, los dos últimos fueron protagonistas destacados el sábado en el Bernabéu.

Pero lejos de ser simplemente un buen gestor de egos y saberse manejar en un vestuario tan complicado como el azulgrana, Valverde ha dado sobradas muestras de su preparación. Ha logrado que el Camp Nou encajara la implementación de un 4-4-2 que en tiempos pretéritos le hubiera condenado a la hoguera. Su herejía consentida, la de desbaratar el 4-3-3 impuesto por obligación como estilo de juego en todas las categorías del club. Además, destaca por su intervencionismo durante los encuentros y su querencia a sacudir y agitar a su equipo para tratar de variar el rumbo de un choque. El último ejemplo se pudo ver en el Bernabéu, incluso con cambios como el de Semedo por Iniesta para adelantar a Roberto y desencorsetarlo del lateral derecho. «No tengo la sensación de haber ganado la partida a Zidane. Este es un juego que muchas veces depende de un detalle. Nuestra intención es que la estadística esté de nuestro lado, tener más llegadas y que nos lleguen menos», explicaba.

Su afán por buscar soluciones ha hecho que incluso se hayan minimizado los problemas. El ejemplo es la marcha de Neymar y la lesión de Demebélé, que le ha permitido liberarse de tener que jugar con tres delanteros para reforzar un centro del campo por el que la pelota había dejado de circular. Una de las señas de identidad del Barça de estos últimos años.

No se desmoronó tras perder estrepitosamente la Supercopa de España ante el Real Madrid. Supo apaciguar los ánimos y desconectar las alarmas. Las diferencias entre blancos y culés parecían abismales pero cuatro meses le han bastado para revertir la situación. «Es una lección para todos, en pretemporada nos jugaron muy bien y hoy nosotros lo hemos hecho aquí. El fútbol da muchas vueltas», aseguraba este sábado tras ganar en el Bernabéu. El Barça de Valverde se marcha de vacaciones sin conocer la derrota en Liga, Champions ni Copa del Rey.