Gran Premio de Japón

Alonso, un samurái en calma

El piloto se toma con sosiego su renovación con McLaren y se despide de Honda en Japón, el país cuya cultura adora

Actualizado:

Llueve en Japón al estilo de Black Rain, la magnífica película de Ridley Scott. No es lluvia negra, como describía la yakuza, pero casi. Llueve sin remedio, en secuencia constante para desesperación de la caravana de la Fórmula 1, que acampa estos días en el país con más solera y más impronta en los usos y costumbres. En Japón se está formalizando una despedida oficial de Honda y McLaren. No hay actos ni protocolo, pero sí se produce un cortejo de cierto afecto hacia la multinacional nipona que ha navegado tres años con McLaren y no ha conseguido resultados. En medio de esa simbólica separación de bienes se encuentra Fernando Alonso en modo zen. Tranquilo respecto a su renovación con McLaren, inmerso en una sociedad cuya cultura adora y que cambió algunos hábitos de su vida, y en tierra de nadie en la pista del circuito de Suzuka.

El respeto de los japoneses por los protagonistas de la Fórmula 1 roza el culto que se profesa a lo sagrado. Imposible detectar un mal detalle o un gesto grueso de los seguidores que llenan cada día el trazado de Suzuka. A Alonso le recuerdan con humor en pancartas alusivas el fracaso de sus tres últimos años, «no power, no Honda» (no potencia, no Honda). Pero la cortesía es reverencial al salir del hotel cercano a la pista y al español le seduce ese comportamiento.

Sus declaraciones no son agrias, sino amables con Honda. «El trabajo con Honda en los circuitos ha sido muy, muy bueno. Resolvían los problemas con muchas horas de dedicación. El problema todos los años eran los tests invernales. Era como empezar de cero... Australia, China o Bahréin eran ensayos para nosotros».

Honda impulsó la contratación de Alonso para McLaren hace tres años. En este trienio ha sido la principal fuente de financiación de la escudería inglesa (unos 100 millones anuales). Pero la relación no ha funcionado por un choque de culturas, básicamente. Los ingleses querían un ritmo de F1, ganar décimas en cada carrera. Y los japoneses viajaban a su propia velocidad, pacientes y pensando en el largo plazo.

Demasiados altibajos

«Tuvimos demasiados altibajos -considera Alonso-, pero Honda ha trabajado muy bien y con esa mentalidad japonesa que nunca les hace dejar de trabajar. Aunque estuviéramos eliminados en la Q1, los ingenieros se pasaban 20 horas frente al ordenador intentando mejorar. No lo conseguimos, pero no ha sido por falta de trabajo».

Alonso, que se aficionó a la literatura pasados los 30 años merced a los autores japoneses, se tatuó un samurái enorme en la espalda como homenaje a esta estirpe de guerreros. «Siempre he encontrado fascinante la cultura japonesa. Y el apoyo de los fans es uno de los momentos más locos y emocionantes del año».

Alonso está pendiente de confirmar su renovación con McLaren «si se dan las circunstancias que se tienen que dar», según cuentan en su entorno. Y ya ha captado toda la información que entiende necesaria de parte de Renault, el motor sustituto de Honda en McLaren. No lo ha hecho, según dicen, a través de Remi Taffin, su amigo de hace una década y responsable de motores de Renault, sino de instancias más altas.