Vuelta a EspañaEnric Mas, perfecto para las grandes vueltas

El balear, puro talento, se formó en la Fundación Contador y sigue los pasos del madrileño

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A dos semanas de dejar el ciclismo, Alberto Contador sacó el lunes su mano de pistolero y apuntó: «Si tengo que dar un nombre para mi relevo es el de Enric Mas. Va a marcar una época en el ciclismo español». Contador le conoce bien. Mas corrió como juvenil y sub 23 en los equipos de la Fundación creada por el madrileño. Ve algo de él en el mallorquín. Fino y fuerte. «Perfecto para las grandes vueltas», le define. ¿Es Mas el nuevo Contador? Con 22 años, le han puesto el listón a una altura que pocos han tocado. Pese a ser tan joven, el ciclista de Artá hace tiempo que convive con esa pregunta. Tiene una respuesta que sirve para perfilar su carácter: «No me quiero parecer a nadie. Prefiero que alguien en el futuro quiera ser como yo».

Mas pisa su primera Vuelta. Se empeñó en correrla. El Quick Step, el equipo que le ha renovado el contrato dos temporadas más, iba a llevarle a la Vuelta a Polonia. Mas pidió un cambio de planes: eligió ir a la Vuelta a Burgos tras estar concentrado en Livigno, cerca del Mortirolo y el Gavia. Quería probarse. Y acabó segundo la carrera detrás de Mikel Landa. Los destellos en las subidas al Picón Blanco y las Lagunas de Neila confirmaron los detalles de talento que había repartido en la Vuelta al Algarve, la Volta y la Vuelta al País Vasco. Fue Mas el que ahogó al pelotón en la subida al Vivero previa a la meta en Bilbao. Escalador, veloz y con potencia contra el reloj. El espejo de Contador. «Soy un chico tranquilo», asegura. Y ambicioso: «No quiero dejar de crecer».

Mas es de Artá, un pueblo mallorquín aún no arrasado por la avalancha turística. De la isla es también Toni Colom, exciclista y testigo de la eclosión de Mas. «Enric tiene unas cualidades únicas en el mundo. Pero hay que tener paciencia. Hay que dejarle crecer», declaró en el Diario de Mallorca.

Desde el mito de Guillermo Timoner, la isla ha sido vivero de campeones de velódromo. La pista tiene esa forma: de isla. Para el ciclismo de carretera se queda pequeña. Apenas había carreras para chavales. Los amigos de Mas emigraron a Valencia, al equipo AEL. Se fue con ellos cuando era cadete. Su padre es médico y su madre, enfermera. El chaval eligió el ciclismo. En categoría juvenil se puso el maillot del conjunto castellonense Castillo de Onda, dirigido por José Cabedo. Destacó. Y Fran Contador, hermano de Alberto, le hizo hueco en la plantilla juvenil de la recién creada Fundación Contador. Allí estaban los mejores ciclistas de su edad. El ciclismo dejó de ser un juego. Aquello iba en serio.

En la Fundación se estrenó como sub 23 en 2014. Avanzaba a saltos: tercero en la Vuelta a Palencia, cuarto en la Course de la Paix. Ese invierno, Contador se lo llevó con el equipo Tinkoff a la concentración de Sicilia para conocerle. De repente, en la élite. A Mas le perdieron la bicicleta y la maleta en avión. Llegó sin nada. Contador le cuidó esos días. De regreso a la escuadra amateur, acabó segundo la Vuelta a Bidasoa 2015.

Josean Fernández, Matxin, es un buen ojeador. Le tentó con una plaza en el Klein Constantia, el filial del Quick Step. A Mas se le abrieron las puertas de la mejores carreras sub 23 y empezó a medirse con los profesionales. En la jornada de la sierra tramontana de la Challenge de Mallorca 2016 acabó en el puesto 21. Y deslumbró poco después en la Vuelta al Algarve: en la primera jornada se incrustó contra un coche, destrozó la luna trasera. Aun así, logró reintegrarse al pelotón y ganó la ronda. Luego repitió en el Tour de Saboya y fue segundo en el Giro del Valle de Aosta. El Movistar quiso ficharlo. Pero Mas fue leal y agradecido. Eligió el Quick Step, donde tan bien le habían acogido.

Con el maillot de este equipo belga que vive para las clásicas corre el ciclista al que Contador asigna el futuro de las grandes vueltas. Ahora que se acaba la época del madrileño, comienza la era de Enric Mas.