Alberto Contador en Laguardia
Alberto Contador en Laguardia - EFE

Vuelta a EspañaContador pone a la venta la báscula

A seis etapas de una vida sin la«esclavitud» del ciclismo profesional, confía en que la «crono» le meta en la lucha por el podio

LOGROÑOActualizado:

Alberto Contador anda ya dándole vueltas a lo que hacer con el fondo de su armario. «Es que me gusta llevar ropa ajustada, entallada y...». Y, claro, como el domingo dejará de ser ciclista profesional, sabe que le caerán encima al menos un par de tallas más. Va a tener que renovar el ropero. Eso sí, la jubilación trae una ventaja: «Al fin podré acostarme y levantarme sin pasar por la báscula». Puede poner el peso a la venta. «Y comer jamón sin quitarle el tocino», se relame. Tiene ganas de ser un ciudadano normal, con algún que otro kilo de más. «Bueno, pero intentaré mantenerme. Hay que tener la figura bajo control, ja, ja». Lo pasa bien Contador en la carrera de su despedida, en la que es noveno a 3 minutos y 59 segundos de Froome, el líder, «el más fuerte», y a menos de dos minutos del ruso Zakarin, el tercero en la tabla, el que marca al frontera del podio. Aún busca esa plaza. Con todo, su misión es «disfrutar» del adiós en esta Vuelta que es un «regalo» por el cariño popular.

«Es muy complicado subir al cajón de Madrid, pero no es imposible», dice sentado frente a la prensa en un salón del hotel Villa Laguardia, en esta localidad alavesa. De frente tiene una pared donde descansan buenos vinos: Heras Cordón, Solar de Samaniego, Ramón Bilbao… Botellas magnum. Caldos gran reserva. Contador es de la cosecha de 1982. Va para 35 años. Buena añada, la de la mejor generación del ciclismo español. Pero todo se acaba. A su botella le quedan seis sorbos, seis etapas. Y la primera es la contrarreloj de 40 kilómetros entre el circuito de Navarra y Logroño. «Ahí veré a qué puedo aspirar, si al podio o a ganar alguna etapa», señala durante la jornada de descanso.

Se le nota liberado, a punto de abandonar la «esclavitud» de la rígida vida de un ciclista profesional. Ha logrado lo que quería, el Tour, el Giro, la Vuelta y, sobre todo, etapas ya legendarias como la del Galibier o Fuente Dé. No descarta un último día así. «Cuando perdí tiempo en Andorra, muchos pensaron que el podio estaba descartado, pero yo reuní al equipo y les dije que todavía tenía opciones», desvela. Aunque es otra su motivación: «Esta Vuelta es un homenaje. Estoy disfrutando del cariño de la gente. Saboreándolo. De esta Vuelta no se me va a recordar el puesto que ocupe al final, sino que fue mi despedida», subraya.

Por eso no deja de mover la carrera. Incluso con ataques casi suicidas. «No corro así para agradar, sino porque es mi manera de afrontar las carreras. Si fuera más conservador, quizá sería cuarto o quinto en la general, pero me cuesta aguantarme», añade.

Entre Navarra y Logroño disputará su última contrarreloj. «Ufff. Es verdad. No lo había visto así. Va a ser el último calentón sobre la cabra». Contador nació escalador, pero quiso ser más. Para disputar las grandes vueltas se empeñó en mejorar contra el cronómetro. En esa modalidad llegó su primer triunfo, en la Vuelta a Polonia de 2003. En esta Vuelta y en esta «crono» sólo ve un favorito: «Froome. Le va a la perfección».

No hay manera de desestabilizar al líder, sólido, inalcanzable. «Froome está fuerte y su equipo, muy fuerte. Pero hay que ser valiente. El Astana, con «Superman» López, le puede hacer daño», anima. El ciclismo ya pertenece a corredores más jóvenes que él. Ley de vida. Contador se prepara para seguir vinculado a su deporte de otra manera, al frente de la Fundación que lleva su nombre y que en 2018 tendrá un equipo profesional de tercera categoría. El madrileño es partidario de fijar un tope presupuestario en las escuadras del UCI World Tour. «De unos 15 millones de euros». La mitad de lo que mueve el Sky, por ejemplo. «Así, todo sería más fácil a la hora de encontrar nuevos patrocinadores», aconseja. También le gusta la reducción de un corredor por equipo, de 9 a 8, en las grandes vueltas impuesta por la Unión Ciclista Internacional (UCI) para la próxima campaña. Con presupuestos menores, cree, aumentaría la competencia entre las distintas formaciones ciclistas. A él, en la fase final de su carrera, le ha tocado vivir bajo el yugo del Sky, de Froome en especial. Prefiere un ciclismo más igualado. Lo vivirá desde la barrera, sin la tiranía de la báscula con la que se acuesta y se despierta cada día desde que era adolescente.

«No, no creo que engorde mucho. No me gusta quedarme quieto». No sabe bien lo que hará el lunes, pero sí lo que no hará: «Esa mañana no cogeré la bici. Mi vida será más relajada». Y el ciclismo algo menos excitante.