John Degenkolb
John Degenkolb - EFE

Vuelta a España 2017A Degenkolb le atropella la mala suerte

Con bronquitis, se retira el gregario de Contador que no ha vuelto a ser el mismo desde que fue arrollado por un coche en 2016

AlcossebreActualizado:

El pasado 19 de julio, el ciclismo andaba pendiente de la etapa del Tour que subía el Galibier. En otra esquina de Francia, en la región de Calvados, un joven corredor francés, Guillaume Thevenot, salía a entrenarse. La temporada anterior había sido profesional en el Direct Energie, al lado de Voeckler. Pero no le renovaron y tuvo que recalificarse como amateur. En eso estaba: en volver a la élite. Con 23 años tenía tiempo. Esa mañana de verano un automóvil le arrolló. El conductor ni siquiera paró. Dejó al ciclista francés tirado. Thevenot despertó en la ambulancia. Angustiado. Estaba molido a golpes, aunque el peor lo llevaba por dentro.

El impacto con el vehículo le desparramó por el suelo, sin sentido y tumbado sobre el costado izquierdo del pecho. Las costillas comprimieron alguna válvula cardíaca mientras estuvo allí, sin atención. El que le atropelló se había dado a la fuga. Ya en el hospital comenzó a sufrir taquicardias, alguna tan prolongada que perdía el conocimiento. Ayer fue operado del corazón. Thevenot lo necesita sano para tener una vida normal. Ya no lo usará para el ciclismo profesional. Ha decidido retirarse, aunque no por la dolencia cardíaca, sino por el miedo a la carretera. «Ese accidente me ha hecho tomar esta decisión. Cada vez mueren más ciclistas. He perdido ya a dos amigos», contó en «Le Parisien», harto de escuchar el cláxon de un conductor apresurado y de ver, incluso, vídeos de gamberros que abren las puertas de sus coches para tirar ciclistas. Basta, ha dicho Thevenot. Se va de ese campo minado que es hoy el asfalto.

El alemán John Degenkolb, el compañero de Contador en el equipo Trek que ayer no tomó la salida en la Vuelta por una bronquitis, también tiene su «19 de julio». Fue el 23 de enero de 2016 en una carretera secundaria de Benigembla, cerca de Calpe, donde estaba concentrado con su escuadra, el Giant entonces. Una conductora británica, jubilada, se metió en el carril contrario y dio de lleno contra seis ciclistas del conjunto alemán. Los destrozó.

Parecía un escenario de guerra. El silencio tras la explosión de una bomba. Los seis corredores estaban repartidos, entre sangre y bicicletas rotas, a lo largo de 200 metros de carretera. La mayoría, inconscientes. Degenkolb sólo recuerda las alarmas de las ambulancias, las frases entrecortadas que le dirigía uno de sus compañeros y la imagen aterradora del dedo índice de su mano zurda. Le colgaba del pellejo. Casi seccionado.

Un año antes, Degenkolb había sido el rey de la primavera: venció en la Milán-San Remo y la París-Roubaix, su carrera «preferida». En aquel entrenamiento maldito por el Levante español se preparaba para asaltar el otro gran templo: el Tour de Flandes. Un coche le torció ese futuro. No volvió a correr hasta mayo. Sigue sin casi movilidad en el dedo y no ha vuelto a ser el mismo. El trauma psicológico continúa ahí. El miedo interior. Además, un velocista necesita sus dos manos intactas para hacer palanca en el sprint.

La Vuelta a España le descubrió en 2012. Ganó cinco etapas ese año. Luego ha vencido en cinco más, todas antes del accidente. Sin dorsales rápidos en esta edición, Degenkolb parecía el candidato más sólido para los sprints. Y tampoco. Su suerte no ha cambiado. No podía respirar. Se lo impedía la bronquitis que arrastra desde Nimes. Ayer se quedó en el hotel, fuera de la Vuelta y aún lejos del ciclista que fue antes del atropello. «Nunca había abandonado una vuelta. Estoy muy decepcionado. Vine a ganar una etapa y a ayudar a Contador a hacer una buena carrera en su despedida», lamentó. Contador ya le echaba de menos en la salida. «John era muy importante para colocarme en el pelotón, pero llevaba días sufriendo». Lleva más: año y medio, desde que un automóvil ciego le truncó el rumbo. Como a Thevenot y como a tantos cicloturistas anónimos.