Michael Woods (verde), en la tercera etapa de la Vuelta a España
Michael Woods (verde), en la tercera etapa de la Vuelta a España - EFE

Vuelta a España 2017El atleta de la Vuelta

Michael Woods, noveno en la general, fue campeón de Canadá de los 3.000 metros y una lesión le llevó al ciclismo

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«Me levanto cada día y sigo metido en este sueño». El miércoles, la subida a la ermita de Santa Lucía sacó del anonimato a un canadiense de casi 31 años, Michael Woods. Alcanzó la cima con Contador, Froome y Chaves. ¿Quién es Woods? ¿De dónde sale con esa edad? ¿Dónde ha estado metido hasta ahora? El guipuzcoano Juanma Garate, antiguo campeón de España, dirige el equipo Cannondale y guía al «novato» Woods. «En mayo corrió su primera gran carrera, el Giro, y este es su debut en la Vuelta», dice sobre el noveno clasificado en la general. «Todo es nuevo para él. Es como un neoprofesional. Ni él ni nosostros sabemos dónde está su límite». Woods es un descubrimiento incluso para sí mismo.

Ni siquiera creció como ciclista. Nació en Otawa, en Canadá. Y allí los niños quieren ser estrellas del hockey sobre hielo. Woods era seguidor del equipo de Toronto. Sus pienras, finas y resistentes, le dirigieron hacia otro deporte: el atletismo, el mediofondo. Tenía motor. Como atleta juvenil batió el récord canadiense de la milla y de los 3.000 metros, y logró la medalla de oro en los 1.500 de los Juegos Panamericanos de 2005. A esa edad y con esas marcas, la meta estaba clara: llegar a los Juegos Olímpicos. Eso le decían las piernas. Y eso se lo negó el pie zurdo, que sufrió una grave lesión por sobreentrenamiento.

Woods era un obseso de la preparación y la dietética. Se rompió. No se puede correr cojo. El sueño olímpico quedó calcinado. Ya no sería atleta de élite. Lo único que podía hacer era practicar deporte para mantenerse saludable. Y le cogió la bici a su padre. Primero probó un fin de semana. Luego, más. Vaya. Andaba. Se presentó a una carrera local y se vio con nivel. Acabó en un equipo de Quebec en 2012. Brilló. Sin apenas experiencia y con una técnica pésima, estaba con los mejores. El conjunto italiano Acqua e Sapone le abrió en 2013 la puerta del pelotón europeo. Y lo que no pudo a pie, lo hizo sobre ruedas: participó en la prueba de ruta de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Terminó en el puesto 55 y con la felicidad de un sueño cumplido en el que sigue metido.

Resulta que, en este autodescubrimiento diario, Woods es un escalador explosivo. Ya se ha dejado ver en cimas como la de Malhao (Vuelta al Algarve), Arrate (Vuelta al País Vasco) y la Basílica del Puy (fue segundo en el pasado G. P. Induráin). «Sabíamos que los muros de la ermita de Santa Lucía le iban bien», apunta Garate. «Pero no le meto ninguna presión de cara a la general».

El técnico de Irún tiene un plan para Woods. Confía en que rinda a su mejor nivel en subidas breves como las que vienen, el Xorret del Catí y Cumbres del Sol. Luego, ya en Andalucía, vendrán las montañas de largo aliento, Calar Alto y Sierra Nevada. «Eso le va menos. Pero lo ha trabajado. Se ha entrenado en la altitud de Colorado. Ha aprendido a subir sentado cuestas largas», explica. Woods es un adicto al trabajo: pesa dos kilos menos que cuando corrió en mayo el Giro. Está a punto.

«Viene del atletismo. Tiene la cultura del esfuerzo. Se extraña de que algunos de sus compañeros digan que cuatro horas de entrenamiento son mucho», comenta Garate. «Michael posee un potencial tremendo», avisa. Aún está en fase de crecimiento, pese a que cumple 31 años en septiembre. «Cuando le das la charla a un ciclista de esa edad, muchos se ponen a buscar cosas en la mochila. Ni te escuchan. Michael te mira sin pestañear. Lo absorbe todo. Aprende algo cada día», señala Garate. «Quiere aprender», resume.

Woods, graduado en la Universidad de Michigan, es un deportista bien formado y con una visión amplia de la actividad física. Tiene un blog con el que sigue de cerca la actualidad y los avances en el atletismo, su origen. Aunque para llegar a la cima, su pie tuvo que dejar de correr y ponerse a pedalear.