Vuelta a España

Contador y el eclipse español

Salvo Mikel Landa, ningún ciclista aparece en el horizonte para ocupar el sitio que dejará el madrileño

Actualizado:

Alberto Contador como síntoma. En su última carrera, en la etapa que certificó su final con aspirante a la Vuelta, se comprobó lo difícil que será sustituirle. Sin Mikel Landa en carrera, el pelotón español se redujo ayer a poco más que David de la Cruz, de 27 años, antiguo atleta y amante de la paleodieta, la alimentación del hombre primitivo. El catalán fue el único apellido local en la selección impuesta por Froome en la Comella.

Del Movistar no quedó casi nada: el veterano Dani Moreno resistió en el decimocuarta plaza y las ilusiones de dos jóvenes, Rubén Fernández y Marc Soler, se difuminaron con el cuarto de hora de retraso con el que aparecieron en Andorra. Tienen tiempo. Habrá que esperarles. Otro de los nombres de ese futuro, el casi adolescente Enric Mas, también cedió. Aún no es turno. Con 22 años, dicen, tiene hechuras de Contador. El reloj lo dirá. Con el madrileño de despedida y con Valverde en barbecho y cerca también de la jubilación, el ciclismo español se ha agarrado a Landa en el Giro y el Tour, y se agarra a De la Cruz en la Vuelta.

Contador ya casi se ha ido. Se le desplomó la voz en la meta de Andorra. Había venido a «disfrutar» y a «disputar» esta edición de la ronda. La ganó en sus tres primeras participaciones: 2008, 2012 y 2014. La ha perdido sólo en 2016. Acabó cuarto. Ayer, en el inicio de la montaña, con la carrera recién comenzada, se vino abajo. No lo esperaba. «Venía con la duda de si había recuperado bien de los esfuerzos del Tour», comentó. Ya no hay duda. Le dolía. Le costaba admitirlo. No es su sitio. «Ha sido un palo», resumió.

Como sonó a rendición, se pellizcó el ánimo y quiso lanzar un mensaje de cierto optimismo: «He venido a disfrutar de mi última Vuelta. Muy relajado, más que nunca. Así que buscaré la victoria en otras etapas». Con dos minutos y 33 segundos de pérdida ayer, está en la general en el puesto 30, a más de tres minutos de Froome. «No sé a qué se debe el haberme visto hoy -por ayer- tan flojo», se preguntaba cada vez que respondía a los micrófonos.

Fue el derrotado más ilustre. Hubo más: Jungels, tan brillante en el Giro, se había diluido incluso antes. Tampoco será la Vuelta de Majka, que llegó junto a Contador. Unidos en una jornada de luto para sus candidaturas. La Vuelta le debe mucho al madrileño. En 2008, con su primer triunfo, le devolvió el fervor del público. Era el año de los Juegos Olímpicos de Pekín, del oro de Samuel Sánchez, de la plenitud de Rafa Nadal. Con apenas 25 años, el madrileño tenía ya el Giro, el Tour y la Vuelta. Ingresó en el templo de los más grandes: a ese triplete sólo habían accedido Anquetil, Gimondi, Merckx e Hinault. Luego se les ha sumado Nibali. Tan pocos. Contador es historia del ciclismo. Y, como se comprobó ayer, empieza a ser historia en esta Vuelta que ya está fuera de su alcance. Tras tantos éxitos, se entiende que le doliera un K.O en el primer asalto de su último combate. Un golpe casi en frío.