Vuelta a España

Contador se hunde a la primera

Pierde dos minutos y medio en la montaña de Andorra, donde gana Nibali y Froome se coloca líder después de romper la carrera

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Al primer toque de corneta, Alberto Contador dimitió en la Vuelta. Lo hizo en contra de su voluntad beligerante, pero con toda la dureza de una pájara estrepitosa. En la montaña de Andorra, las primeras cumbres de la siempre accidentada Vuelta a España, el madrileño ya se dejó dos minutos y medio. Tumbado el campeón de forma irremisible. La etapa tuvo un nivel Tour, con el Sky a fondo en el acelerador, el ataque de Froome, la réplica de Bardet y Aru y el triunfo de Nibali. Froome, que nunca ha ganado la Vuelta y ha sido tres veces segundo, es el líder.

Nadie espera una acción tan fulminante del Sky en la tercera etapa de la Vuelta. Para un equipo que acostumbra a marcar el paso, a separar la paja del grano y a llevar el peso de las carreras, parecía demasiado trajín encender la Vuelta tan pronto.

Lo hizo. En la Rabassa, un puerto duro y ancho en la siempre volcánica orografía de Andorra, el Sky exigió otra velocidad y llenó la carretera de cadáveres. Contador pagó el ritmo más que nadie. No fue un ligero retraso, un ligero vahído por hacer la goma, sino una pájara en toda regla. Clavado en la montaña, sin piernas para seguir a todos los que se quedaban.

Con Froome a tope (también cogió tres segundos en una bonificación de sprint intermedio) y el Sky al galope, la etapa fue una pequeña tortura en los últimos kilómetros. De entrada, solo el colombiano Chaves siguió al vencedor del Tour en su ataque. Y a su vera, se formó un vagón del Tour. Aru, Bardet y el invitado estrella, Nibali, ganador del Giro, en reposo durante julio y buen candidato a vencer la Vuelta.

En la meta de Andorra, Nibali mostró su reserva de energías, la frescura de sus piernas. Soltó a todos los pasajeros de la escapada con un latigazo seco en el sprint que le proporcionó el triunfo. Está feliz y hace el gesto del tiburón, la mano en la cabeza. Froome ya tiene su mailllot rojo, Nibali un colchón para no estresarse y Contador, el consuelo del público a su inesperado revolcón.

«Lo he visto pronto, en la Rabassa, no sé lo que me sucede. Estaba muy flojo y quiero ver lo que me ha pasado. Ha sido un día malísimo», decía en la meta Contador.