Vuelta a España Contador, el ciclista indomable

Contador sólo tiene dos metas: ganar o intentarlo hasta el fondo. Ser segundo no entra nunca en sus planes

Alberto Contador
Alberto Contador - EFE

El ciclismo es hoy una mezcla de datos fisiológicos, cifras en el potenciómetro y corredores atados por sus directores con el cable de las emisoras. Hay excepciones. «Mi única táctica era salir a tope. No mirar atrás. Que me siga el que quiera o el que pueda», dijo Contador. Y no se giró. «Quería dar una buen espectáculo, algo que le gustara a la afición».

La etapa fue para Brambilla y la Vuelta parece sentenciada en favor de Quintana. «Soy realista. Sé que no tengo casi opciones», asumió el madrileño. Es cuarto a 4:02 de Quintana. Luchará con Froome y Chaves por las otras dos plazas del podio. Los tiene a unos segundos. Pero eso no le llena. Sólo tiene dos metas: ganar o intentarlo hasta el fondo. Ser segundo no entra nunca en sus planes.

«Este año me he sentido bien, muy bien. Pero no me han salido las cosas. Perdí la París-Niza por cuatro segundos, la Volta por siete, me caí en el Tour y ahora me he caído en la Vuelta», enumeró. Derrotas. Pero a Contador hay que medirle también por ellas. Pocos pierden como él. En 2015 le dijeron que ganar el Tour y el Giro el mismo año era «imposible». Cuando escucha esa palabra pegada a su nombre, Contador aprieta el interruptor. Enciende la luz sobre esa meta que dicen imposible. Y se dedica a hacerlo posible. Ganó el Giro y no pudo con el Tour. No lo logró. Pero el intento le talla. Siempre se ha sentido obligado a lo imposible. Así ha ganado el Tour, el Giro y la Vuelta, y así los ha perdido. Para Contador, lo imposible es no intentarlo. Así ha corrido toda su carrera. Lo imposible es lo suyo: ganar el Tour tras superar un cavernoma cerebral, ser el ciclista más joven en encadenar Tour-Giro-Vuelta, vencer la Vuelta 2012 en aquella cabalgada loca camino de Fuente Dé cuando ya la tenía perdida, llevarse la Vuelta 2014 dos meses después de partirse la pierna en el Tour... «Imposible» es una palabra tachada en su vocabulario.

Tanto como por sus triunfos, Contador es lo que es por su manera de lograrlos y por sus derrotas. En la historia reciente del ciclismo hay varias secuencias que llevan su nombre. Como la de la Vuelta 2012 en el alto de La Hoz, un puerto de segunda categoría, camino de otra cuesta sin historia, Fuente Dé. Son vallas sin más. Contador las elevó con su arrojo y su ambición. Transformó ese trozo de Cantabria en lo mejor de los Alpes. Cuando tenía perdida la Vuelta que ya celebraba Joaquim Rodríguez, se vistió de camicace y saltó en la Hoz. Segó al grupo tan lejos de la meta. Purito Rodríguez, despistado, dudó. Era una locura seguirle. Se equivocó. Contador llegó con la última gota de combustible a Fuente Dé para quedarse con aquella edición. No la ganó el más fuerte, Purito, sino el mejor, Contador.

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