Vuelta a España

Chris Froome honra a la Vuelta

El cuádruple ganador del Tour descuelga a Contador, da espectáculo y gana en la Cumbre del Sol

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Chris Froome lanza un violento puñetazo a la calima mediterránea, grita su alegría en un alarido y exhibe una felicidad contagiosa en el peñasco de Benitatxell, tremenda pared que se alza sobre el Cabo de la Nao entre chalets con piscina incorporada de serie. Froome ha ganado cuatro veces el Tour y fue segundo en uno más (2012) en el que era más fuerte que Wiggins. Y ahí está el británico nacido en Kenia, aullando de satisfacción en la carrera que se le ha resistido y a la cual está dignificando. Froome honra a la Vuelta a España.

Durante años y décadas, la Vuelta fue un territorio de paso para los gigantes del ciclismo, su plato de segunda mesa o escenario de preparación para el Mundial. Mientras los equipos españoles se dejaban el alma por ganar su carrera, las grandes figuras desertaban, empezando por las propias. Induráin nunca ganó la Vuelta, ni siquiera la corrió en sus cinco años de éxitos en el Tour.

Hay que remontarse casi a Bernard Hinault en aquella célebre etapa de Serranillos en sierra abulense para recordar cuándo un primer espada del ciclismo tramitó con coraje y galones una victoria compleja. Casi todos los ganadores del Tour han dimitido durante años de la Vuelta, hasta que ha llegado Froome para asumirla como objetivo exclusivo.

Se puede discutir casi todo en ciclismo, salvo una evidencia. Cuando gana el mejor, los demás aplauden. Froome es el mejor y está en la Vuelta ofreciendo un espectáculo superlativo, una carrera magnífica por cada rampa-trampa que propone la organización, puertos mínimos y retorcidos cargados de porcentajes. Por cada uno de ellos impone el inglés su criterio.

Lo hizo también en la Cumbre del Sol, un promontorio donde Tom Dumoulin se destapó como figura del ciclismo. Por ahí encontró una colaboración del Cannondale, el equipo que puede morir el año próximo por falta de financiación. Mantuvo a raya la escapada llena de españoles y a última hora, le facilitó el trabajo a Sky en la labor de control.

En el último puerto, Mikel Nieve ofició de potenciómetro para Froome. Le marcó el paso, bendijo sus watios, le puso una alfombra para su ritmo. Nadie inquietó a Froome, ni Bardet, ni Carapaz, ni Enric Mas, ni De la Cruz ni Contador en la retaguardia.

Cuando faltaban 500 metros, Froome se levantó de su sillín, imprimió velocidad a su cadencia de molinillo y dijo hasta luego, Lucas. Cuatro segundos a Chaves más la bonificación de 10; 12 a Contador, De la Cruz y Roche más los 10; 14 a Nibali, 17 a Fabio Aru...

Salvo que Contador sea capaz de frenarlo, ninguna noticia es mejor para la Vuelta que el recital de un campeón, Chris Froome.