Cervera, en el banquillo local de Carranza, en el partido ante el UCAM de la temporada pasada, donde comenzó a ver detalles positivos.
Cervera, en el banquillo local de Carranza, en el partido ante el UCAM de la temporada pasada, donde comenzó a ver detalles positivos.
Cádiz CF

Un año después

Cervera recaló por nuestra ciudad, donde apenas nadie apostaba un duro por su éxito
Por  11:24 h.

A falta de sólo ocho jornadas para la conclusión del campeonato, ya nos encontramos prestos y dispuestos para disfrutar de las fuertes emociones que deparará este inminente final de temporada. Trepidante conclusión del ejercicio, a cuyas emociones y sobresaltos nos ha conducido la óptima campaña llevada a cabo por el equipo.

De la defenestración en los oscuros laberintos de la Segunda B hemos pasado, en el solo transcurrir de un año, a vivir inmersos en la ilusionante pelea por el ascenso a la máxima categoría. Un año, el tiempo que dista de la penumbra y el pesimismo en que vivía inmersa esta afición a la luminosidad y el optimismo con que ahora contempla esperanzada su futuro. Un año, justo el tiempo que el vestuario amarillo viene siendo dirigido por la batuta prodigiosa, milagrosa y proverbial de ese auriga del cadismo que es Álvaro Cervera.

Tan bajo se encontraban los ánimos y tan lejana se adivinaba la posibilidad de subir a Segunda División cuando el mallorquín recaló por nuestra ciudad, que a penas nadie apostaba un duro por el éxito del nuevo míster. El escepticismo y la guasa gaditana, tan ahíta de fracasos y tan proclive a lo surreal, incluso gestó inmediatos chistes y chascarrillos sobre el nuevo inquilino del banquillo cadista.

Así, algunos identificaron directamente el rostro y la anatomía del reciente entrenador fichado por el Cádiz CF con las de un esforzado profesor de catequesis. Otros, en cambio, coincidían en adjudicar tales facciones a las de ese señor que siempre manda guardar silencio en las bibliotecas. O sea, que se le aventuraba más futuro en cualquier actividad anónima y mundana que para lo que vino a este equipo y a esta ciudad, que no era otra cosa que ascender al Cádiz CF a la división de plata del fútbol español. Propósito que felizmente conseguiría dos meses después, tras saber imponer, sobre la marcha, su talante sencillo y directo, su estilo diáfano y simple, tan alejados de esa retórica afectada, prolija y hueca que tan en boga está entre los técnicos de postín.