Álvaro García intenta sacar un centro.
Álvaro García intenta sacar un centro.
Cádiz CF

Recobrada moral

El triunfo conseguido el domingo en Almería constituye todo un bálsamo purificador
Por  17:34 h.

Tras nueve partidos sin conocer la victoria, el triunfo conseguido el pasado domingo en Almería constituye todo un bálsamo purificador para la mermada moral y autoestima del equipo. Con él se pone fin a una prolongada racha de negativos resultados y se abren nuevas y esperanzadoras expectativas de cara al futuro. Sobre todo cuando la enfermería se va aligerando o, al menos, renovando de inquilinos y el posible bloque titular parece afianzarse al poder repetir su presencia con inaugurada asiduidad.

Tres puntos que insuflan el necesario ánimo pero que no deben hacer olvidar el mediocre encuentro que el Cádiz CF estaba firmando en el estadio almeriense, con una anodina primera parte, sólo salvada por el gol postrero de Salvi. Con un segundo tanto en la inmediata renaudación, el camino se transformó en expedito al poderse administrar la creciente ansiedad mostrada por un necesitado y desacertado rival.

Aún así, demasiados fueron los minutos en que los amarillos se veían embotellados en las cercanías de su área y en los que parecían incapaces de culminar con éxito un mínimo de combinaciones para salir de su parcela con el balón jugado. Resulta excesivo y peligroso conceder 18 saques de esquina, pues al margen de la permanente tensión defensiva a la que aboca al equipo, para salir airoso de tan prolongado bombardeo también se ha de contar con una alta dosis de fortuna que impida lamentar un rechace o un rebote desfavorable.

En ciertos momentos, da la sensación que la única baza ofensiva con que puede sorprender el Cádiz CF consiste en enviar el balón a alguno de los extremos, para que éste sortee a su par en velocidad y gane la línea de fondo. Llegados ahí, lo que suele ocurrir después es que los obligados centros se suelen realizar sin el temple, la precisión y la pausa necesarias. Son centros ejecutados casi sin mirar la ubicación de los compañeros y, en ocasiones, dirigidos a media altura, imposibles de rematar. Es una jugada tan repetida, tan socorrida y con tan infructuosos resultados que urgiría una mejora en su ensayo y ejecución