Abdullah está ocupando el puesto de José Mari en el centro del campo del Cádiz CF.
Abdullah está ocupando el puesto de José Mari en el centro del campo del Cádiz CF.
CÁDIZ CF

Otras alternativas

El Cádiz CF no debe fiarlo todo a la velocidad de sus extremos, pero seguro que el Álvaro Cervera ya ha ideado remedio a la situación
Por  12:13 h.

Tras la contundente derrota sufrida por el Cádiz CF en tierras murcianas, una cierta sensación de desasosiego e incluso algún principio de intranquilidad ha empezado a cundir entre la afición. Fue tan prometedor el inicio de competición, superó éste tantas expectativas, por optimistas que parecieran, que el hecho de sumar un solo punto de los últimos nueve posibles ha supuesto un inesperado jarro de agua fría para la ilusionada hinchada, que, de repente, se ha dado de bruces con la realidad. Y ésta no es otra que se cuenta con un buen equipo para pelear a muerte cada partido y que, como bien recuerda Álvaro Cervera con asiduidad, “no ganamos donde queremos sino donde podemos”.

A un equipo configurado para ceder el dominio y el balón al rival, en espera de encontrar su momento al contragolpe, le ocurrió en Lorca lo peor que le puede pasar. Que prácticamente saltara al campo con el marcador ya en contra. Bien es verdad que restaba todavía la totalidad de los minutos para enmendar la situación y para buscar alternativas al desmoronado planteamiento inicial. Pero justamente ahí radica la principal carencia de los amarillos, lo mucho que les cuesta asumir el protagonismo en el juego, que los centrocampistas asuman riesgo en los pases ente líneas y que el contrario se sienta incómodo y se descoloque ante unas combinaciones raudas y precisas. Pero este juego no se da porque el Cádiz CF no ha sido confeccionado para ello, no entra en su guion.

Lo que ocurre es que en una temporada tan larga y ante conjuntos de tan igualada calidad, las ocasiones en que nos vamos a ver obligados a variar las pautas aprendidas pueden ser múltiples. Sobre todo ahora, cuando ya todos los rivales nos conocen y han aprendido a sacar provecho de nuestras debilidades. Por lo que urge que se establezcan distintas formas de hacer daño al contrario, no fiarlo todo a la velocidad de los extremos, cuya peligrosidad queda anulada cuando carecen de espacios donde correr. Pero seguro que el míster ya ha ideado remedio a la situación.