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CÁDIZ CF

Ni un ápice de mejoría

"Un total abatimiento, un pesimismo generalizado envuelve de nuevo a la afición cadista"
Por  17:08 h.

Un total abatimiento, un pesimismo generalizado envuelve de nuevo a la afición cadista, una vez comprobada la absoluta incapacidad de su equipo para llevar a cabo el más mínimo atisbo de reacción. Obtener un solo punto de los últimos quince posibles, constituye un dato demoledor y sin precedentes, una paupérrima cifra que describe, por sí sola, el ínfimo nivel al que ha llegado el equipo y la magnitud del desastre al que se aboca.

En un intento desesperado por enderezar el errático rumbo, se procedió la semana pasada al consabido cambio de entrenador. Decisión que, al margen de excesivamentre tardía, a la vista de lo contemplado frente al Mérida, no ha surtido el efecto deseado de bálsamo mágico o revulsivo. Más bien al contrario, pues ni se alcanzó la victoria ni fue posible vislumbrar un ápice de mejoría ni de coherencia en el juego desplegado.

El ciclo de Claudio Barragán en el Cádiz, aún siendo uno de los mejores entrenadores que haya tenido el club,- justo hasta el día en que se perdió la eliminatoria de ascenso frente al Oviedo- hacía ya muchas semanas que se encontraba consumido y periclitado. Por lo que, tomada la decisión tan a destiempo, se han dilapidado dos meses preciosos e imprescindibles para insuflar aire fresco y renovados ánimos al plantel.

Por desgracia, nos encontramos en estas postrimerías decisivas de la temporada con un equipo que ha perdido consistencia defensiva y que muestra una preocupante incapacidad resolutiva para concretar las escasas ocasiones que genera. Circunstancias que han motivado que los recientes duelos de los amarillos hayan derivado en partidos abiertos de ida y vuelta sin control, en alocados tomas y dacas, donde siempre tuvimos las de perder.

Desazón que se incrementa cuando se escucha a Álvaro Cervera manifestar abiertamente que aprecia en sus futbolistas una palmaria falta de velocidad y del tono físico exigible para poder marcar un ritmo de juego continuado en los encuentros. Arduo y casi irresoluble problema, si ésto ocurre, como es el caso, a las alturas que nos encontramos de competición.