Alfredo Ortuño, en una pugna con el defensa del Lugo.
Alfredo Ortuño, en una pugna con el defensa del Lugo.
CÁDIZ CF

Máxima efectividad

"La soberbia labor del meta Cifuentes y la no menos destacada de ambos centrales, Migue y Sankaré, constituyeron los pilares que mantuvieron al Cádiz con vida"
Por  19:39 h.

Transcurridos los primeros minutos del partido frente al Lugo, marcados por el dominio absoluto del equipo local, cierta sensación de desasosiego y de impotencia empezó a invadir a la multitudinaria y siempre esperanzada, telespectadora hinchada cadista.

El balón era propiedad de los lucenses, que lo movían a su antojo e incluso imprimían a veces un ritmo tan elevado a sus combinaciones que los jugadores amarillos se veían desarbolados y con serias desconexiones en sus líneas. En muchos aspectos, el partido parecía un calco del que viéramos el día anterior entre el Barcelona y el Granada, donde un conjunto dominaba por completo la situación y otro se atrincheraba atrás para capear como pudiera el temporal y mantenerse a la expectativa de aprovechar alguna aislada ocasión al contragolpe.

En el flanco derecho, la espalda de Carpio era ganada con reiterada facilidad y por ahí se sucedían los ataques más peligrosos de los rivales. Recompuesto este desajuste tras el descanso, el encuentro transcurrió por idénticos derroteros, sólo modificados por la disminución de la velocidad en el juego del adversario, cuyo fútbol se volvió algo más previsible y susceptible de defender. En no más de cinco ocasiones merodeó el Cádiz el área contraria durante todo el partido, tres de ellas supusieron claras ocasiones de gol, de las que una se convirtió en el tanto de la victoria.

Máxima efectividad, pues, en un choque en el que se defendió con orden, concentración y tensión y de los esporádicos y fugaces jaques con los que se pudo amenazar al adversario, uno se erigió en el jaque mate definitivo que desnivelaría la balanza. La soberbia labor del meta Cifuentes y la no menos destacada de ambos centrales, Migue y Sankaré, constituyeron los pilares que mantuvieron al Cádiz con vida y con opciones de triunfo en el último tramo del duelo.

En el fútbol, es bien sabido que hay partidos que se ganan sin necesidad de mostrar una evidente superioridad sobre el rival. Y esto fue lo que ocurrió en el Ángel Carro. Un escenario, por cierto, de infaustos recuerdos para el cadismo.