Los futbolistas del Jumilla salieron vapulados de Carranza.
Los futbolistas del Jumilla salieron vapulados de Carranza.
CÁDIZ CF

La trampa del ‘tiquitaca’

"El sábado asistimos a una grotesca versión de ese intento de periclitadas excelsitudes con el Jumilla"
Por  16:09 h.

La exquisita plasticidad de ese fútbol bautizado como ‘tiquitaca’ ha impuesto su hegemonía en el orbe balompédico. Caracterizado por el apoyo constante de los jugadores, sus rotaciones permanentes y un esmero en la posesión del balón, casi siempre obtenida mediante un toque raudo y preciso al pie del compañero cercano.

La selección española y el Barcelona, plagados de éxitos y de títulos ambos, han sido sus máximos creadores y exponentes. Tal ha sido el grado de aceptación de esta manera de entender el fútbol y tanto ha cautivado a aficionados y profesionales que raro es el equipo que, según sus posibilidades, no intente imitar esta manera de jugar tan certera y deslumbrante. El tiquitaca es hoy el máximo referente, el venerado espejo universal.

Pero para que este modelo sea efectivo se ha de contar con once futbolistas poseedores tanto de un elevadísimo nivel técnico como de una óptima condición física. Si falla alguno de los dos factores en un solo componente, dado el continuo sistema de apoyos en que está basado, todo el esquema se resquebraja.

Además, el fútbol es un juego cuyo objetivo básico consiste en rebasar las líneas del contrario de la manera más rápida posible, para lo cual, entre tanto toque, se necesita cambiar el ritmo en algún momento, bien sea mediante desmarques de ruptura, con desbordes individuales o con desplazamientos entre líneas y al espacio. Messi en el Barcelona y Torres y Villa, cuando tenían velocidad, con España, cumplían esa función. Sin ellos, el tiquitaca corre el riesgo de convertirse en una cansina sucesión de combinaciones sin profundidad, donde el balón, tras una multitud de pases, vuelve al pie del portero y de los centrales con todo el rival colocado en defensa.

El sábado asistimos a una grotesca versión de ese intento de periclitadas excelsitudes con el Jumilla, que dominó sin crear peligro durante la primera parte y que, ya cansado y desmoralizado en la segunda, persistía con irracional contumacia sacando la pelota desde atrás. Le cayeron cinco goles, que pudieron ser más, para sosiego, por fin, del Cádiz y disfrute de su afición.