Ortuño celebra uno de sus goles ante el Alcorcón.
Ortuño celebra uno de sus goles ante el Alcorcón.
CÁDIZ CF

La cara y la cruz

«De la desazón de la zozobra a la alegría desbordada, de la más profunda decepción al estallido de una inusitada explosión de júbilo»
Por  14:37 h.

De la desazón de la zozobra a la alegría desbordada, de la más profunda decepción al estallido de una inusitada explosión de júbilo, de la cara a la cruz. Las dos versiones extremas que el fútbol puede brindar se vivieron el pasado domingo en Carranza, sólo separadas por la tenue línea que marca el asueto entre el primer y el segundo período.

Un primer tiempo, en el que el Cádiz CF mostró una alarmante impotencia para hilvanar conato alguno de juego coherente y en el que deambuló a merced de un atrevido Alcorcón, contrasta con una pletórica segunda mitad, que incluso acabó en inusitado festín goleador.

La pareja de centrocampistas, encargada de la creación, naufragó por completo en su empeño. José Mari bajaba con excesiva asiduidad a recibir balones al pie de los centrales y parecía renunciar a prodigarse en desmarques de ruptura, mientras Garrido, fiel a sus características, no es frecuente que sobrepase el círculo central.

Como resultado de ello, se creaba un extenso vacío entre la media y la desasistida isla constituida por los dos delanteros. Circunstancia agravada por los pésimos controles y nula ayuda ofensiva ofrecida por los laterales, lo que además provocaba la escasa participación de los extremos, cuyas irrupciones en velocidad constituyen siempre la mayor amenaza para los rivales.

Situación que se corrigió tras el descanso con la entrada de un motivado y pletórico Abdullah, que ocuparía la desierta zona entre líneas y empezó a filtrar pases con verdadero sentido y verticalidad. Ya Ortuño recibía balones que enseguida descargaba y, por ende, el juego por banda empezó a funcionar.

Y el fútbol, fiel a lo aleatorio de su devenir, nos obsequió esta vez con felices episodios, sucesivos e inesperados: expulsión de un contrario, fallo de un defensa rival que propicia el empate y golazo antológico de Aitor García para cobrar ventaja en el marcador. Por si algo faltara, de una presumible angustia en los minutos finales para aguantar el marcador se pasó a la placentera certificación de una goleada. Sin echar campanas al vuelo y con los pies en el suelo, pero empezamos a disfrutar.