Brian Oliván, antes de desviar fuera de banda una internada de Amath.
Brian Oliván, antes de desviar fuera de banda una internada de Amath.
Cádiz CF

De un resbalón a otro

La suerte cambio de bando un año después del ascenso en Alicante
Por  16:10 h.

Cuando todo se tenía bajo control, cuando era el Cádiz CF el equipo que manejaba el ritmo del partido y el rival mostraba una pasmosa imposibilidad de crear ocasiones de peligro, ocurrió la fatídica circunstancia que marcaría el devenir del choque y que, a la postre, cambiaría el rumbo de la eliminatoria. En una jugada sin aparentes visos de amenaza, el funesto resbalón de Brian Oliván descubría un flanco en la ordenada defensa amarilla, certeramente aprovechado por los locales para ganar por única vez la línea de fondo y conseguir el tanto de la victoria.

Aciago episodio que venía a confirmar que, en esta ocasión, los dados aleatorios de la fortuna se habían confabulado, en ominosa conjura, contra el Cádiz CF.

Hace sólo un año que celebrábamos el ansiado ascenso de Alicante, en un encuentro que se resolvía precisamente con el resbalón, balsámico para nosotros, funesto para el Hércules, de un defensor contrario. Incontrolables lances del juego que enseguida se olvidan pero que deciden los resultados y, a veces, transportan a la gloria o conducen al abismo. Una gloria que al Cádiz CF se le escurría de las manos tras toparse con la versión más descarnada, desabrida y contumaz del infortunio. Se mostró muy superior al Tenerife en el partido de ida, en el que sólo nefastas decisiones arbitrales y falta de puntería en los metros finales impidieron que la renta de goles fuera mucho mayor, y volvió a ser mejor que su rival en la vuelta, cuya segunda parte y la totalidad de la prórroga constituyeron un monólogo ofensivo del conjunto amarillo.

Pero no pudo ser. Como proclama el más manido tópico futbolístico, “el balón no quiso entrar”. Arribado el minuto ciento veintitrés y desperdiciada la enésima ocasión de gol, el pitido final dejaba a la afición cadista sumida en la abrumadora hiel del desasosiego, de la incredulidad y la estupefacción. Si bien, transcurrido un tiempo prudencial de tan fatal desenlace y superado el estado inicial de shock y de conmoción, la sensación que prevalece es la de admiración y agradecimiento al equipo por la gran temporada realizada.