Güiza golpea un balón en el Martínez Valero.
Güiza golpea un balón en el Martínez Valero.
Cádiz CF

Dani Güiza

El jerezano dio una auténtica lección en Elche de cómo se atacan los espacios libres a la espalda de la defensa
Por  20:36 h.

Corría el minuto 60 de la segunda parte en el Martínez Valero y el juego del Cádiz CF marchaba de mal en peor. No sólo se mostraba incapaz de poner de manifiesto sobre el césped su superioridad numérica en forma de dominio y ocasiones sino que, a medida que avanzaba el reloj, resultaba apabullado por un rival que se aproximaba al portal visitante con mayor claridad y peligro. Pérdidas absurdas y continuas de balón, problemas de rigor y concentración en defensa, sorprendente ausencia de la obligada intensidad en las disputas…progresivo desastre, en suma, que sólo hacía presagiar una más que probable derrota. En éstas se estaba cuando en el minuto señalado se producía la sorpresa en el cambio del cuadro amarillo: se retiraba un desafortunado Nico Hidalgo y entraba en la cancha Dani Güiza, jugador inédito en las alineaciones del Cádiz CF durante muchas jornadas. Y el veterano futbolista resultaría decisivo en la victoria amarilla tras resolver con suma solvencia y tranquilidad sendos manos a manos ante el meta local.

Güiza no sólo mostró su acreditada clase en los momentos culminantes de la definición sino que dio una auténtica lección de cómo se atacan los espacios libres a la espalda de la defensa y de cómo apurar el desmarque hasta el momento justo para no incurrir en fuera de juego. Bien es cierto que para ello debe contar con la visión y el acierto de los pasadores, como sí ocurrió en esta ocasión con Abdullah y Álvaro García. Huecos que el Elche había regalado durante toda la segunda parte pero que los jugadores gaditanos no supieron aprovechar, bien por la falta de sosiego para levantar la cabeza, bien por la ausencia de precisión en los pases y controles. Con esos dos goles en sólo 20 minutos en el campo, Güiza ha venido a demostrar que su concurso sigue siendo muy válido para el equipo. Sobre todo para esos momentos en que los partidos se abren, los contrarios se cansan y las marcas se relajan. Y porque el trabajo, el amor propio y el esfuerzo deben obtener finalmente su justa recompensa.