Servando protesta ante el colegiado al finalizar el encuentro.
Servando protesta ante el colegiado al finalizar el encuentro.
Cádiz CF

Anduva, campo maldito

"Bien haría la hinchada amarilla con no obsesionarse con inquinas arbitrales"
Por  17:56 h.

A poco de iniciado el duelo del pasado sábado frente al Mirandés, se producía una falta al borde del lateral del área por parte de Aridane. Circunstancia que originó una pequeña discusión entre el colegiado y el jugador, que se resolvía finalmente con tarjeta amarilla para el defensa del Cádiz CF. No es el canario un jugador proclive a protestas y aspavientos, ni a recibir amonestaciones por meterse en enredos innecesarios, por lo que esa jugada me puso en alerta sobre las posibles intenciones que el árbitro traía a este partido. Me dio entonces la premonitoria y sobrecogedora sensación de que, a menos que tuviera ocasión, podía liarla.

Veinte minutos después quedaron confirmados los peores presagios: la lió. Con la expulsión esperpéntica de Santamaría y el más que riguroso penalti señalado al inicio de la segunda mitad, decantaba de manera clamorosa un partido que, hasta entonces, controlaba y dominaba el Cádiz CF con relativa facilidad. El uno a dos, a los seis minutos de la reanudación, insufló vida a los locales y hundía física y moralmente a los visitantes. Situación a la que también contribuyó la errónea decisión adoptada por Álvaro Cervera con los cambios realizados, como él mismo vendría a reconocer en la sala de prensa.

Pero bien haría la hinchada amarilla con no obsesionarse con inquinas arbitrales. La temporada es muy larga, sujeta a múltiples vaivenes, en la que unas veces puede que te quiten y en otras puede que te den. Sin ir más lejos, el punto que el Cádiz CF lograba salvar en la jornada anterior ante el Mallorca vino motivado por la señalización de un dudoso penalti a su favor. Tras esta nueva decepción final sufrida en Anduva, escenario de infaustos recuerdos para el cadismo y aupado ya a la condición de maldito, habría que quedarse con la buena imagen ofrecida por el equipo durante la primera parte, su holgado control de juego, su facilidad rematadora y su tino goleador, con mención especial a un Salvi vertiginoso y deslumbrante. Y aún queda mucho margen de mejora, el que debe aportar la acreditada calidad de los recientes fichajes realizados.