Once inicial del Cádiz CF en El Molinón.
Once inicial del Cádiz CF en El Molinón.
CÁDIZ CF

49 años después

El Cádiz CF conquista El Molinón con una actuación sobresaliente e histórica tras casi medio siglo claudicando
Por  17:17 h.

49 años después, y ya son años, el Cádiz CF volvía a paladear el sorbo dulce del triunfo en feudo tan aciago y hostil como El Molinón. Sin motivo alguno que lo justificara, nuestro equipo siempre fue recibido en Gijón con una sorprendente animadversión, cercana a la beligerancia, lo que hacía incrementar el grado de desazón que, temporada tras temporada, las derrotas sucesivas generaban. Y sin causa tampoco que lo explique, los hados más funestos y desfavorables de la fortuna parecían confluir, como un extraño sortilegio, en contra de nuestros intereses.

Unas veces, el desquiciado frenesí de un partido enloquecido, culminaba finalmente con una derrota tan dolorosa como rimbombante, como aquel 5-4 que costaría la destitución de Oli, en otras, unas calamitosas actuaciones arbitrales eran las encargadas de marcar ese reiterado camino del fracaso.

Por eso, al margen de la tranquilidad que aporta la obtención de nueve puntos consecutivos, la victoria conseguida el pasado domingo posee un carácter especial, pues con ella se rompe, por fin, ese pesado y ominoso maleficio asturiano. Y la senda de este triunfo quedó abierta, al igual que la jornada anterior, con la perfecta ejecución y remate de un saque de esquina.

Hacía tiempo que el Cádiz CF no sacaba provecho de las jugadas a balón parado, esa llave que tantos partidos desatasca en esta Segunda División tan igualada. Por lo que constituye una gran noticia esta renovada facultad de convertir en fructífera la estrategia. Inaugurado el marcador por Garrido, la sentencia llegó con el segundo tanto conseguido por Alvarito tras la enésima galopada por la banda de un imparable e inconmensurable Salvi.

A partir de entonces, la propia ansiedad, frustración y precipitación de los jugadores locales vinieron a facilitar la labor defensiva de los amarillos y hasta convirtieron en relativamente plácido el transcurrir de los minutos. Más allá de la felicidad por las tres victorias seguidas, la mayor satisfacción para el aficionado radica en su total identificación con un equipo que pelea a muerte los 90 minutos y que transmite solidez y esperanza para el futuro.