Los futbolistas celebran el ascenso.
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Cádiz CF

Cuidado, un ascenso con matices

El tremendo sacrificio de los de Cervera no debe esconder una arriesgada realidad
Por  20:53 h.

De los últimos ascensos o posibilidad de ellos, el que ha llegado en Alicante ha sido, de sobra, el menos esperado. Esta afirmación se ha repetido hasta la extenuación por todos los aficionados que han seguido a lo largo de la temporada los partiditos del once de Claudio y los últimos, en temporada regular, que se jugaron con Cervera. A todos nos ha dado una mayúscula sorpresa la resurrección experimentada en unos ‘play off’ de ensueño y todos nos felicitamos aún por ello. Dicho eso, este ascenso contiene una buena dosis de interpretaciones, de matices, de señales para un futuro muy cercano.

La primera es que ha sido un ascenso distinto al que se produjo en Las Palmas, pero similar al de Irún si se aprecia el cuerpo de las distintas plantillas. Distinto porque no era merecido si se trataba de evaluar lo realizado durante la campaña regular. Distinto porque el equipo en ningún momento dio sensación de que subiría con el gorro, como se subió con Javi Gracia, o por derecho propio, como se hizo con Jose. Pero hay matices. Muchos e importantes.

La dirección deportiva tiene que hilar más fino que de costumbre. Este equipo, el de Cervera, ha demostrado tener más vergüenza que ningún otro, pero también más carencias. Por eso mismo, desde la dirección deportiva debe advertirse que sería un riesgo fiarse de una columna vertebral o bloque que no es ni comparable al que se coló de Segunda B a Primera casi que sin respiro y que nacía con Armando y Abraham Paz y casi que moría con Pavoni. En cambio, sí puede parecerse a la que ascendió de las manos de Fragoso, Fleurquin y Toedtli. La primera era una plantilla más bien joven, con hambre y que iba aporreando las categorías a su paso. La segunda, en cambio, era una gran plantilla aunque, como se demostró en Segunda, cogida con alfileres para mantener la categoría. Peguero hizo un plantillón para ascender, pero en Segunda se relajó y el equipo lo acabó pagando con un nuevo descenso. La juventud, mezclada de pequeñas dosis de veteranía en jugadores como Armando o Varela, le fue de perlas al Cádiz de Jose, que no sólo se consolidó en Segunda sino que siguió su camino triunfal de la mano de Espárrago, que se apoyó sobre la misma base que ascendió en el Juan Güedes. Todo lo contrario pasó con el once de Irún, que de pasearse en el Grupo IV sufrió hasta morir en la categoría de plata. La veteranía es un grado, pero en ese epidosio, los Toedtli, Fleurquin, Enrique, Tristán y compañía acabaron extenuados.

Cordero y Pina deben saber esto y, por consiguiente, reforzarán el equipo a tope.forzarán el equipo a tope.