El trío arbitral del Cádiz-Huesca hace entrada en Carranza.
El trío arbitral del Cádiz-Huesca hace entrada en Carranza.
Cádiz CF

¡Basta ya!

El juicio público al que día tras día están sometidos los árbitros tan solo es el poso de una futura violencia descontrolada
Por  8:12 h.

¡Basta ya! Y tanto que basta. ¡Pero ya! ¡Ya mismo! Ni un segundo más. ¡Basta de una puñetera vez, ya! Llámenme exagerado, demagogo o lo que quieran. Están en su derecho. Pero no encuentro nombre para definir lo que veo como un auténtico juicio público y que debería avergonzar a cualquier ser humano. Me dirán que no es comparable, que lo uno no tiene nada que ver con lo otro, pero yo sí que veo en comportamientos como el que la Federación de Peñas –esta semana le toca a la cadista, la anterior le tocó a la del Getafe y la siguiente quien sabe si le tocará a la del Reus– está promoviendo para este domingo todo un caldo de cultivo para que desaprensivos de toda índole se tomen la justicia por su mano cuando un árbitro comete un error en su trabajo, ya sea este en un campo de barriada ya sea en el Bernabéu. Porque claro, por descontado que aquí todos somos perfectos y en nuestro trabajo nunca, nunca nos equivocamos. Faltaría más.

Luego sí, luego todos nos llevamos las manos a la cabeza con las imágenes de ese padre que entra en el campo para agredir al pobre árbitro, o como nos avergonzamos de ese futbolista juvenil que la ha emprendido a golpes con el trencilla de marras porque ¡oh, Dios. Le ha robado el partido!. Luego todos somos muy dignos. Los más dignos. Los mejores padres y los mejores educadores. Anda ya.

Y fíjense lo que les voy a decir. Me da igual. Exactamente igual. Me da igual que, puestos a pensar mal, pueda haber hasta una mano negra (que no lo creo) dentro del arbitraje. Es que me da igual. Jamás me consideraría tan osado de revolucionar a las masas contra cualquier persona o colectivo. Sea árbitro, juez, policía o incluso asesino.

Expresiones como robo, asalto o de juzgado de guardia son solo algunas de las que se posicionan en el poso de una violencia que luego se descontrola en cualquier rincón del panorama futbolístico. Conmigo no cuenten. ¡Basta ya!