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CÁDIZ CF

Sevilla Atlético-Cádiz CF (0-0): Tiempos de sequía

El Cádiz CF ha perdido la brújula, no encuentra el camino hacia el gol y se extravía ante el colista

Por  0:30 h.
Sevilla Atlético
0
Cádiz
0
Sevilla Atlético: Caro, Carmona, Berrocal, Muñoz, Matos, Yan Eteki, Fede San Emeterio, Curro (Bouttoba, 76'), Pozo, Mena (Borja San Emeterio, 85') y Carlos Fernández (Marc Gual, 81').
Cádiz CF: Cifuentes, Correa, Servando, Kecojevic, Brian, Alex, Abdullah (José Mari, 78'), Salvi, Alvarito (Moha 71'), Rubén Cruz y Barral (Perea, 65').
Árbitro: Prieto Iglesias (colegio navarro). Tarjeta amarilla a Correa, Curro, Brian Oliván, Álex Fernández, Perea, Expulsado Matos por doble amonestación en el 84'.
Estadio: Unos mil cadistas en el Viejo Nervión.

¡Gol! ¿Gol! ¡Goool! ¿Se acuerdan de la última vez? ¿De los matices de ese grito, de la liberación, de la expulsión de energía y la combustión de adrenalina? Obligado a hacer memoria. Hace más de un mes, el 8 de septiembre, en el envite con el Nàstic de Tarragona. Desde entonces, el silencio. No cantan ni los grillos; tierra quemada.

467 minutos y cinco partidos después, el Cádiz CF sigue comiendo roscos partido tras partido, ceros a tutiplén. Ni con tres penaltis ni tampoco ante el colista, la sequía es preocupante y las reservas se agotan. Tiempos de carestía que no recordarán en Segunda los niños que tengan menos de 45 años. 45 años.

El equipo amarillo ha perdido la brújula y no encuentra el gol. Se ha quedado sin ese magnetismo y se ha difuminado la senda. El espíritu de Ortuño empieza a invocarse con demasiada frecuencia y ni el regreso de Alvarito condona la pena. Ciegos, sin olfato, ha de otorgarse valor al punto en el Viejo Nervión ante el farolillo rojo en un duelo aberrante. Porque más allá de clasificación, de puntos, de prisas y agobios, de críticas exageradas irrumpiendo entre la templanza, el Cádiz CF tiene un problema. Un rompecabezas con una incógnita de sólo tres letras: y por desgracia nadie puede pronunciarlo.

Cambios en el once del Cádiz CF

Y eso que se ofrecían argumentos para cambiar el semblante. Otro aire. Otro ánimo. El fútbol es confianza y ésta se encontraba mermada, limitada por los resultados. Las victorias dan alas y las derrotas arrojan piedras en el bolsillo. Así que Cervera refrescaba cuerpo y mente con nuevos efectivos que suponían músculo y cabeza limpia, lo necesario de un duelo de tal exigencia.

Porque ganar al colista inmerso en un inquietante bache no es una ilusión sino una obligación. La sonrisa desaparece del rostro. Responsabilidad ante la inexperiencia pueril. Así que el míster entregaba el testigo de inicio a su estrella Alvarito y lo rodeaba de buenos peloteros, con Álex y Abdullah en el medio y Correa en el carril diestro. Kecojevic suplía a Mauro y Barral se mantenía en punta pese a la pena máxima de Osasuna.

Las sensaciones de arranque resultaban contradictorias. El filial sevillista era claro dominador del escenario, con la pelota en su poder, y a la vez los visitantes asustaban en cuanto se desperezaban para buscar el arco rival. El meta Caro se jugaba el tipo para despejar con la yema de los dedos un cabezazo de Álvaro a centro de un sorprendente Álex.

Aún así, el Cádiz CF cedía demasiado protagonismo al adversario. O los cachorritos se lo ganaban, que no son cojos. Como en una guerra de trincheras, ganaban metros uno a uno, paso a paso, por lo que Cifuentes comenzaba a atisbar el peligro con la simple mirada cercana. Exhalaba un suspiro al ver como Carlos Fernández birlaba a Servando con una estupenda ruleta y se topaba en última instancia con el portero de Albacete.

El marcador puede no ser justo, pero el fútbol no engaña. El choque revelaba a dos escuadras en problemas, con agobios. Los sevillistas sacaban mínimo rédito a su superioridad técnica, y los cadistas han perdido la chispa del inicio y de la pasada temporada. La exigencia pesa, en exceso por lo visto. Porque eso mismo, lo visto en la primera mitad del Viejo Nervión ante el colista, invita a la reflexión, que no al disfrute. La seriedad representa el aval de la zaga, pero del ecuador hacia adelante hay que apelar a la improvisación, a la alegría, y los amarillos estaban de luto en la faceta ofensiva.

Reacción tras el descanso

Tímidamente, aferrado a Alvarito, el Cádiz CF pisaba el verde tras el descanso con una pizca más de profundidad. El utrerano descerrajaba esa banda, a veces solo y otras en compañía de Brian, a expensas de enganchar un buen remate o una asistencia certera a Salvi. La partida se abría, las costuras se rompían y por ahí galopaban los velocistas amarillos, con los locales hurgando en sus posibilidades con disparos desviados desde la frontal.

Cervera retiraba del campo a Barral, que ya no acompaña la cal con la arena, y apostaba por variar la idea, con Perea por detrás de Ruben Cruz, referencia en vanguardia. Sin embargo, los amarillos no despegaban y para mayor lamento perdían concentración defensiva. Mena fallaba lo infallable en un remate a bocajarro que puntaba por encima del larguero.

Moha tomaba el relevo de Alvarito, a quien su entrenador no lo considera apto para batalla completa. De golpe se esfumaba el más peligroso. En realidad, el único peligro. El africano se escoraba a la diestra, permitiendo el paso adelante de Salvi como escudero de Rubén. Si bien los movimientos del estratega desde el banquillo no se materializaban positivamente sobre el terreno, y Carlos Fernández perdonaba el primer tanto. Salvi respondía a continuación pero tardaba una eternidad en ejecutar su disparo.

El sanluqueño era la única esperanza a falta del recurso colectivo. Y se abría un resquicio en la negra noche, con la expulsión de Matos por una falta a Moha, bien forzada por el extremo. Cinco minutos más la prolongación para recuperar el idilio con el gol. Un desierto árido, sin pistas para encontrar la senda, los márgenes de un camino que debe haberse estrechado hasta convertirse en una delgada línea. Una línea que se debe cruzar desde ya.