Cervera, en el banquillo del tartiere, con el canterano David Toro, que jugó debido al castigo de Barral.
Cervera, en el banquillo del tartiere, con el canterano David Toro, que jugó debido al castigo de Barral.

Cádiz CF

Todo se torció en Oviedo

El clima del vestuario se ha enrarecido desde el famoso castigo a Barral por llegar tarde a la charla técnica antes del encuentro

Por  19:54 h.

Todo se torció en Oviedo. Siete partidos sin ganar son muchos. Tres puntos de 21 son pocos. Se buscan explicaciones y se encuentran unas cuantas. Lesiones, mala suerte, falta de gol, muchos cambios en el once… Pero también hay otras que se escapan de lo puramente deportivo. Sí, el vestuario.

Todo empezó en Oviedo. Y David Barral fue el principal responsable. Pero no el único. La gestión que se hizo, por parte de Álvaro Cervera, fue discutible desde el primer momento. A saber, no jugó el partido como castigo. Y eso que el encuentro pedía un delantero como el comer. Pese a ello, no jugó ningún minuto y tuvo que ver desde el banquillo como el delantero del B David Toro debutaba en Segunda para intentar el empate sin éxito ni protagonismo alguno sobre el verde del campo ovetense. Barral estaba castigado por llegar tarde al paseo matutino y a la charla técnica que se hace por la mañana en el hotel. El fallo del isleño fue tremendo, pero a la larga se ha visto que la solución no fue la más idónea. Ni de lejos. Porque lo cierto es que, por h o por b, al ariete isleño se le ha frenado en seco una racha goleadora que le llevo a marcar cinco goles entre Liga y Copa en los primeros partidos. .

Como se recuerda, Álvaro Cervera generó más debate aún en la rueda de prensa posterior al encuentro que el conjunto amarillo perdió por la mínima ante el cuadro carbayón. “El jugador sabe porqué no ha jugado y el equipo también, y no tengo que hacerlo público”, dijo el entrenador abriendo con su explicación un mar de hipótesis nada beneficioso para el jugador.

David Barral no es uno más en el vestuario. De hecho, dada su alegría y el buen ambiente que contagia se ha ganado desde el comienzo a buena parte del vestuario. Pero no a todos. A diferencia de Dani Güiza, que era todo corazón con todos los compañeros, el isleño ha hecho -lo que es normal por otra parte- piña con una serie de jugadores con los que se lleva mejor y entre los que destacan los jóvenes Aitor o Brian Oliván.

Cifuentes frenó a Cervera

Hay quienes de un problema hacen una oportunidad y en el caso Barral la gestión no ha sido precisamente esa. Porque Cervera no dio por zanjado el asunto con su rueda de prensa posterior al encuentro en Oviedo y lo agravó en cuanto llegó a Cádiz. Poco después, en un entrenamiento en El Rosal, el técnico entró en el vestuario para recordar a toda la plantilla, con Barral presente, cuáles eran las normas de disciplina y porque no podía permitir a nadie saltárselas. Su explicación se fue alargando hasta el punto que Alberto Cifuentes tuvo que interceder en presencia de todos sus compañeros para pedirle al entrenador que ‘parase ya’. Fue una manera de decirle que Barral ya había tenido suficiente con el castigo de no jugar, con las críticas que estaba recibiendo en la afición debido a las consecuencias de la rueda de prensa de Cervera y los rumores de todo tipo que circularon y que no hiciera más sangre con un asunto que todo el equipo conoce de sobra porque son profesionales. Dicho lo cual, el equipo entrenó con normalidad y el miércoles ganaba en Copa al Osasuna con un tanto de Barral. La paz había llegado. O no.

Porque llegó el Numancia a Carranza y Barral se autoexpulsaba con un codazo a un contrario que le valió la segunda amarilla. Desde entonces, Barral ha perdido presencia en el equipo y alterna el banquillo con la titularidad. A su vez, el ambiente del equipo no es igual al del año pasado y los capitanes Servando y Cifuentes se esfuerzan por guardar el orden en un vestuario donde no todos comulgan con las decisiones y métodos del entrenador. De hecho, se ha creado en torno a Barral un grupito díscolo que desde el sector veterano se está intentado reconducir. Los malos resultados no han hecho más que agriar el clima que con toda seguridad volverá a recuperar la armonía en cuanto lleguen las victorias.

Consciente de las dudas que podían estar surgiendo en el vestuario, desde la dirección deportiva se dio un volantazo para mandar un mensaje claro y rotundo. El club está con su entrenador. El que ose dudar de él, estará en enero fuera de la entidad. De ahí la renovación por dos años al entrenador en plena crisis de juego y de identidad. Los resultados no terminan de llegar pero el orden se ha restablecido.