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CÁDIZ CF

Salvador Luque: “Cruyff me felicitó por el marcaje”

El exfutbolista amarillo recuerda esa tarde en la que 'secó' al genio holandés, "y sin darle una sola patada"

Por  18:30 h.

Johan Cruyff recupera para la memoria amarilla algunas de las páginas más valoradas de la centenaria historia del Cádiz CF. Aquel Trofeo Carranza (1974) en el que su Barcelona se enfrentó al Santos de Pelé, o el 4-0 con el que sucumbió el Dream Team en su primera Liga con el Flaco en el banquillo.

Los buenos aficionados del conjunto gaditano recuerdan además con especial cariño esa visita del holandés con los colores azul y grana pero en esta ocasión defendiendo la camisola del Levante. Cruyff se convertía en la gran atracción de la temporada 1980-91, ¡en Segunda División!, como fin de una carrera que prolongaba momentáneamente después de lo que parecía un retiro dorado en Nueva York.

El genio firmaba por el cuadro granota con la idea de comandarlo hacia la élite, y con un alto porcentaje de las taquillas del estadio levantino como recompensa. Cruyff era Cruyff, el mejor jugador de ese momento que asistía además a la irrupción de Diego Armando Maradona.

El Ramón de Carranza se engalanaba para la ocasión. Sus cachorros, las jóvenes promesas de la cantera gaditana, se motivaban ante la posibilidad de enfrentarse a su ídolo, su jugador de referencia. Y entre sus filas, un jugador que se convertía en el protagonista de la tarde: Salvador Luque.

“Un día antes del partido, Milosevic se acercó a mí y me dijo: este domingo te tocará marcar a Cruyff. No dejes ni que se mueva”, recuerda el exfutbolista amarillo, un pulmón en ese Cádiz CF del ascenso en Elche. “Yo le dije que estuviera tranquilo, que en fuerza y velocidad yo le ganaba, y él no paraba de reírse”.

Las crónicas periodísticas de la época rememoran el fantástico papel de Luque aquella tarde secando al holandés volador. “Lo perseguí por todo el campo. Era un jugador inteligentísimo, que se movía por todos los lados del terreno de juego. De la delantera al centro del campo, luego por la banda, para intentar conducir el balón. No me podía distraer en ningún momento”.

“Cuando se me escapaba, le decía: ¿Dónde vas, nene? Y él me comentaba que tranquilo, que lo estaba haciendo bien”, rescata Luque. “Fue un marcaje limpio en el que no le hice ninguna falta. Al final del partido, el propio Cruyff me felicitó por el marcaje”.

Lo de intercambiar las camisetas “es una moda de ahora, porque antes te costaba el dinero”, pero sí que se hicieron varias fotografías juntos. “Era buenísimo. Me encantaba. Tenía un cambio de ritmo increíble, y era muy listo en el césped. Era un señor del fútbol, y dejó una imagen brillante. Fue un partido precioso que además ganamos”.