Vallecas afronta un año complicado.
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Cádiz CF

El Rayo, un club en permanente estado de ebullición

El vestuario de Sandoval depende de las victorias para que no se convierta en un polvorín

Por  18:11 h.

El Rayo Vallecano es una caja de bombas. Que exploten, otra vez, dependerá de que los resultados lleguen o no. Pero en el vestuario del Rayo Vallecano, próximo rival del Cádiz CF, hay una calma chicha que nada más que le alejará la consecución de victorias. Algo que, de momento, no han llegado sino todo lo contrario.

Y es una caja de bombas comenzando por su entrenador, José Ramón Sandoval, todo carácter, todo vehemencia. Y acabando por el presidente, todo orgullo, todo mando. Y entre medias, unos futbolistas donde hacen lo posible para que las rencillas no afloren cada vez que se tuerce un partido.

El descenso de categoría con Paco Jémez en el banquillo fue recibido con madurez y cierto. Incluso se vitoreó en su despedida al ahora entrenador del Granada, que no ha salido de la mala dinámica que dejó al Rayo en Segunda, por cierto. La afición se tomó el descenso a Segunda con cierta tranquilidad, máxime cuando el presidente de la entidad aseguró tajantemente que todos los jugadores que habían descendido al equipo se quedarían para volverlo a ascender a no ser que viniesen ofertas que no se pudieran rechazar. Algo así a lo que hizo Antonio Muñoz con los Armando, Sesma, Lucas Lobos y compañía tras el descenso en Getafe.

Pero la gestión del presidente Raúl Martín Presa no fue del agrado de su cuerpo técnico. Para empezar, el director deportivo recién firmado Ramón Planes apenas tuvo margen de actuación dada la política ya decidida por el máximo mandatario. Y para terminar, el entrenador José Ramón Sandoval avisó de lo que podía ocurrir en un futuro por no dejar salir a jugadores con ofertas de superior categoría y que deseaban salir de la entidad. Y lo que ocurrió en Almería con Miku fue una bronca de muy señor mío con un jugador que en verano proclamó a los cuatro vientos que quería firmar el último buen contrato de su vida como futbolista.

Del Rayo tan solo salió un jugador importante, el sevillano Jozabed, que recaló en el Fulham tras depositar el club inglés cerca de 4 millones de euros. Una oferta que fue aceptada por el presidente del Rayo sin ningún género de dudas. Algo que no haría con otra que le llegaría de Grecia por su jugador Miku. El PAOK heleno ofertaba 1,5 millones de euros pero el Rayo se plantó en tres. Los griegos desistieron y el ariete venezolano explotó y se lo hizo saber a la entidad realizando una pretemporada pésima y carente de actitud profesional. Hecho que se lo echaron en cara sus compañeros en el vestuario a raíz de la derrota liguera en Almería.

Pero antes que sus compañeros, el primero que se lo recriminó de forma vehemente, pero sin llegar a las manos, fue su entrenador Sandoval. El entrenador del Rayo le abroncó duramente en el entrenamiento matutino después de caer en Almería y fueron los jugadores los que tuvieron que calmar el asunto. En la misma sesión, Sandoval también insultó a Tashorras, al que llamó “capitán de mierda” porque a su juicio estaba defendiendo más los intereses de su amigo (Miku) que del Rayo.

Momentos después, ya más calmados todos, Sandoval se disculpó públicamente con Trashorras, que a la semana siguiente daría el pase de gol en la victoria del Rayo ante el Mallorca en Vallecas. Un partido que el delantero Miku siguió desde el túnel de vestuarios para mostrar su implicación con el equipo pese a salir de la convocatoria. De hecho, el venezolano ya ha vuelto a una lista de convocados como señal de que ya es uno más. Fue ante el Getafe, donde no jugó pero sí pudo escuchar como la afición pitaba su nombre al ser nombrado por megafonía, momento que se repitió cuando saltó a calentar.

Los capitanes toman la voz

Quienes siguen la actualidad del Rayo Vallecano aseguran que “todo está olvidado” después de una charla de los capitanes en el vestuario donde se tiró de las orejas a los jugadores que en verano pidieron salir del club sin éxito. Se comprendió que todo es comprensible (además de Miku, el defensa rumano Raţ también pidió salir sin conseguirlo), pero dicho eso se pidió que todos, contentos y descontentos con el club, aunasen fuerzas en pos de la consecución del ascenso mientras cohabiten en el mismo vestuario y compartan los mismos objetivos.

Ante esto, Miku pidió perdón a sus compañeros por el comportamiento que había mantenido en la pretemporada e hizo propósito de enmienda.

El empate cosechado en el descuento en Reus ha tranquilizado los ánimos, si bien todo podría volver a torcerse en el caso de que vuelvan las derrotas.

Y es que Sandoval llevaba razón este verano cuando presagiaba que su vestuario se podría convertir en un polvorín en el caso de mantener a jugadores descontentos. Eso, por no contar el dinero que el Rayo vaya a dejar de ingresar por un jugador como Miku, que de seguir así hará las maletas en enero por ‘cuatro perras’ o saldrá gratis en junio tras terminar su contrato con la entidad de la calle Payaso Fofó s/n ed Madrid.