Un pequeño seguidor del Cádiz contempla un partido en Carranza a través de una mampara.
Un pequeño seguidor del Cádiz contempla un partido en Carranza a través de una mampara.

Cádiz CF

El mercado oprime al Cádiz CF

La paciencia y la persuasión, principales armas de Juan Carlos Cordero para sortear los elevados precios que se están pidiendo

Por  13:31 h.

Al Cádiz CF le salva que no tiene presión, que su gente está aún encandilada con el ‘temporadón’ de los chicos de Cervera, que no hay obligaciones, ni exigencias, que no hace falta fichajes bombas para renovar el compromiso de la clientela, que la gente ha vuelto a ir al estadio por amor, el amor a unos colores y a unos sentimientos. Incluso a unos valores. Esos valores por los que el dinero no vale nada. Pero lo vale, claro que lo vale. Que se lo pregunten al director deportivo del Cádiz CF, Juan Carlos Cordero, que en días pasados aireaba a la web El Desmarque que el mercado de fichajes es una locura.

“El mercado está carísimo, más que nunca. Los equipos se están volviendo locos con salarios impensables. Los equipos que vienen de Primera están haciendo ofertas mareantes y ahí la mayoría de los equipos no podemos llegar. Nosotros sabemos bien los puestos a cubrir, estamos trabajando en silencio sin que se puedan torpedear las negociaciones y vamos con tranquilidad y buena letra, sabiendo qué puestos queremos y qué tipo de jugadores queremos”. Blanco y en botella. Así de claro se mostraba Juan Carlos Cordero para explicar cómo está la cosa. Quizás, de esta manera, se pueda entender muchísimo mejor el objetivo autoimpuesto dos meses antes de que arranque el campeonato por la propia entidad. Y es que la directiva hace cuentas. Ahora mismo, este Cádiz CF, por mucha mano que tenga Pina en el entorno de los jugadores, no puede ponerse a la altura de clubes que están mareando con sus cifras a los Joselu, Ángel, Borja Iglesias y demás delanteros de referencia por el que, obviamente, se pelea media Segunda División.

Así que no queda más que esperar. Esperar y negociar. Esperar y engatusar. Esperar y ganarse los favores de clubes de Primera que puedan ceder a sus más jóvenes a equipos de Segunda. Esperar, esperar y esperar. Y hacerlo con la relativa tranquilidad de contar con una plantilla que, si fuera el caso, podría permitirse el lujo de volver a salir a competir por un objetivo claro -el de la permanencia- sin la necesidad de hacer fichajes de relumbrón.

Pero el Cádiz CF tiene un problema serio. Más bien, dos. Todo el mundo lo sabe y los que tienen que vender, aún más. Sus dos mejores jugadores, con el permiso de Alvarito, ya no están tras agotarse su cesión. Ortuño y Aketxe van a ser muy complicado de sustituir. Los 17 goles del murciano, más los cuatro del vasco son mucho dinero si se pesa en la balanza de un mercado que está pidiendo cantidades imposibles. Por eso mismo, será muy importante que desde el club se haga, se vuelva a hacer, una calculada y humilde campaña de prevención contra la ambición. La ambición de querer superarse. Y es que no será nada fácil mantener el nivel de un equipo que ha tocado con la yema de los dedos el ascenso a Primera gracias, en parte, a jugadores que ya no son patrimonio del club.

Tan importante será esa tarea de concienciación como que Pina y Cordero acierten con las habituales apuestas que suelen traer a sus equipos de fuera de España. Jugadores semidesconocidos y del perfil de Abdullah y Sankaré se antojan cruciales para sortear los disparates económicos del mercado nacional.

Se da por hecho en el Cádiz CF, al menos hasta el momento, que acudir a la puja de un delantero ‘top’, ahora mismo, recién abierto el chiringuito como quien dice, es imposible de asumir. Los valores contrastados, hoy por hoy, están ahora mismo en manos de clubes potentes que acaban de descender de Primera y vienen cargados ofertas millonarias a las que el Cádiz CF no puede hacer frente.

Eso sí, todo puede cambiar si llegase a las oficinas del Cádiz CF una oferta desorbitada por Álvaro García, un jugador con contrato en vigor para los próximos tres años y con una cláusula de siete millones de euros. La hipotética venta del utrerano sí que podría dar un margen importante para que Cordero descolgase el teléfono con la confianza del que tiene un buen manojo de billetes para ganarse el favor del que se pretenda ganar. Así es el fútbol. Y la vida.