Aitor, Alvarito y Salvi celebran un gol en Córdoba.
Aitor, Alvarito y Salvi celebran un gol en Córdoba.

Cádiz CF

Los bajitos mandan en el ataque

Ante la falta de un mediapunta claro, Cervera apuesta por la anarquía controlada de sus extremos

Por  19:12 h.

En algo parece que todo el cadismo coincide. Al menos, de momento. Este Cádiz CF tiene peor equipo pero mejor plantilla que el año pasado. Y sobre el primer axioma, habrá que esperar con el paso del tiempo.

La marcha de tres pesos pesados (Aridane, Aketxe y Ortuño) del once del curso pasado aún pesa en la memoria colectiva del cadismo, pero los recién llegados comienzan a hacerse respetar. Ahí estan los cuatro goles (ters en Liga y uno en Copa) de Barral, o la sobriedad defensiva del argentino Marcos Mauro o la explosividad del malí Moha Traoré.

Aunque hasta ahora, y como es normal, Cervera sigue confiando en el mismo bloque del año pasado, lo cierto es que los fichajes tendrán mucho que decir en la presente campaña. Pero en lo que se lleva de Liga la voz cantante de este Cádiz CF la están llevando los que ya estaban y que se saben al dedillo las lecciones del entrenador. De hecho, de los once titulares que suelen saltar al campo cada domingo tan solo hay dos (Mauro y Barral) que no pertenecen a la plantilla del año pasado.

Dice mucho del bloque que Cervera confíe enormemente en los mismos jugadores que el año pasado estuvieron dentro del vestuario cadista. Sobre el dibujo, parece que poco o nada ha cambiado en el estilo del equipo amarillo. La defensa y el centro del campo siguen funcionando de la misma manera, pero es la delantera lo que ha dado un giro bastante importante.

Al igual que este año, Cervera comenzó el curso pasado confiando en un once conformado casi en su totalidad por jugadores llegados del ascenso. Así se entiende como en las dos primeras jornadas fue Abel Gómez el titular en la mediapunta, una demarcación por la que también pasó Abdullah antes de que, sobre todo en la primera vuelta, fuera Rubén Cruz el que consolidase en ella. Y es que Cervera no entendía un equipo roto, sin conexión con su máximo artillero, el murciano Ortuño, que hacía de referencia.

Así estuvo Cervera hasta que le llegó una joya como Ager Aketxe, un jugador que en cuanto se puso en forma no tuvo otra que ponerlo titular dada su calidad y su aportación en el juego de balón parado. Entonces, el vasco varió la forma de juego. El equipo raseó más el balón y perdió gran parte del poderío aéreo que sumaba Rubén Cruz, con el que Ortuño se liberaba mucho más. Fue la etapa en la que el Cádiz CF sufría más para hacer goles, en parte debido a la sequía en la que entró Ortuño, y que si no llega a ser por los goles de Aketxe no se hubiera mantenido en los puestos de ‘play off’ de ascenso. No obstante, Cervera no cambió en ningún momento el estilo y su ataque siguió anclado en la figura del mediapunta. Una figura que debido a las circunstancias no ha tenido otra que cepillarse ante la falta de jugadores que puedan acometer esa función de enganche a la espera de que Alberto Perea se reintegre al grupo tras su operación de apendicitis al final de la pretemporada.

Distintos caminos para llegar a gol

Porque esta temporada le han cambiado los instrumentos a Cervera. Parece que su nuevo equipo suena igual al del curso pasado pero no es del todo así. El ataque ha cambiado una barbaridad. Su forma de llegar al arco contrario es distinta en gran medida a la del año pasado. Ya no hay tanta transición entre defensa y ataque. No hay tanto toque, de ahí que a Abdullah le cueste un mundo tener un mínimo de continuidad en el juego colectivo del equipo durante un partido. Antes, ya por alto o por bajo, Rubén Cruz o Aketxe aparecían para intentar buscar de otra forma a Ortuño que no fuera las siempre recurrentes bandas de Salvi y Álvaro García.

Pero todo ello ya forma parte del pasado. Ahora, el futuro del ataque amarillo está en manos de tres locos bajitos, tres jugadores que desarbolan a las defensas contrarias y que, además, han encontrado en David Barral un delantero centro con mayor movilidad y visión de juego que el añorado Ortuño. Porque Barral no sólo está aportando goles, también está dando al juego del equipo criterio, verticalidad y experiencia. El isleño, dada sus características físicas y técnicas, no desluce para nada cuando baja a recibir al centro del campo como sí lo hacía el yeclano cuando se desesperaba al no llegarle balones en los partidos complicados. Es más, cuando Barral ha compartido ataque con Romera o Moha Traoré ha sido él el que más se ha descolgado para sumar su granito de arena a la construcción del ataque amarillo. Cervera está teniendo el acierto de tomar varios caminos para llegar al mismo sitio: la portería rival.

La principal novedad de este año es la presencia en la mediapunta de Alvarito, el jugador más desequilibrante del equipo y al que Cervera quiere sacarle mucho más de lo que ya le sacaba en banda izquierda. El técnico es conscientde que el utrerano es jugador de otra categoría y quiere que incida mucho más en el juego aunque no sea precisamente de enganche. Por eso mismo, lo coloca de segundo delantero, donde por fuerza tendrá que acostumbrarse a ser un hombre gol, su gran ‘debe’.

Y si Alvarito está respondiendo en esa zona no menos lo hacen sus otros dos acompañantes. Porque tanto Salvi como Aitor pueden jugar a la espalda de Barral y ser tan desequilibrantes como cuando parten desde la banda. Salvi ya lo demostró en Lugo y Aitor en el encuentro ante el Nàstic.

Sin duda, la gran versatilidad que Cervera se ha encontrado en sus tres locos bajitos le hacen sentirse mucho más cómodo sin ese mediapunta con el que no entendía el fútbol el año pasado. A la espera de Perea, la anarquía controlada es la que gobierna un ataque amarillo en manos de tres locos bajitos que están desarbolando como quieren las sufridas defensas rivales. Y si el plan A no sale, a disposición de Cervera están dos hombres que ya han demostrado su valía: Moha Traoré y Nico Hidalgo.