Lucas Lobos deleitó a Carranza con jugadas de otra categoría.
Lucas Lobos deleitó a Carranza con jugadas de otra categoría.

Cádiz CF

La última venta negra para el Cádiz CF

Hace una década, Muñoz se desprendió de su mejor jugador pagándolo el club con un posterior descenso al pozo

Por  17:24 h.

Martes, 18 de diciembre de 2007. Salón de actos del colegio San Felipe Neri. A rebosar. En el escenario, varios periodistas con pasado marianista gaditano y los verdaderos protagonistas: el presidente del Cádiz CF Antonio Muñoz, el entrenador del momento Antonio Calderón y la estrella y último mejor futbolista que ha vestido de amarillo en Carranza en los últimos años, el indio argentino Lucas Lobos.

El motivo del evento es un programa que Onda Cero ha organizado a cargo del hoy director de comunicaciones del Cádiz CF, José Grima, entonces jefe de Deportes de la emisora de Asdrúbal. El patio de butacas está atestado de alumnos, cadistas y con una preocupación más allá de los libros. El futuro inmediato del jugador que llegó un mercado de invierno dos años antes procedente del Gimnasia y Esgrima de la Plata. Y no es para menos. El mercado se abrirá en una semana y a Lobos le dio por interpretar uno de sus papeles estelares unos días atrás en Carranza, ante el Celta y, lo que era lo peor, ante las cámaras del Plus, chivatas de todo lo que pasó sobre el verde del estadio gaditano. Qué fue mucho y bonito. Sería la última tarde que el cadismo saborearía las ‘delicatessem’ de un crack que iba camino de ser mundial de haber afrontado su carrera con mayor ambición.

El Cádiz CF, aquel año, había conseguido enderezar el rumbo tras la espantá de Baldasano, el regreso de Muñoz y el trabajo de Calderón, al que le desmantelaron el equipo al comienzo de la segunda vuelta. Pero si hubo una marcha que sintió Calderón y el cadismo, esa no fue otra que la de Lucas Lobos.

En aquel final de año, el cadismo estaba ilusionado. Pero a poco de las vacaciones de Navidad comenzaron los nervios con la posible marcha del argentino, que comenzó a vislumbrarse en aquel programa radiofónico y ante las preguntas atrevidas y temerosas de unos alumnos que adoraban al que ya era el ídolo amarillo.

“Ojalá que todos los partidos hasta final de temporada esté a un gran nivel y los juegue con el Cádiz. Hay muchos equipos fijándose en él, pero nosotros vamos a intentar por todos los medios que termine la temporada con nosotros”, vino a decir Muñoz al ser preguntado por una hipotética salida de Lobos en el mercado invernal. El entonces presidente admitía que le habían llegado ofertas muy generosas pero que se estaba haciendo lo imposible por retener al jugador.

El rostro de Lobos evidenciaba que algo iba a pasar. Respondió a los alumnos tirando de tópicos y de arraigo al club y a la ciudad al mismo tiempo que pasaba la patata al presidente en el caso “de que llegase algo bueno para todos”. La sensación era evidente. Estaba bien en Cádiz, feliz, pero un postor le estaba enseñando un contrato que le aseguraba la vida a él y a toda su familia.

Al día siguiente, Muñoz seguía manteniendo el mismo discurso en la Ser, donde también dejaba entrever que el Cádiz CF podía aguantar hasta donde podía aguantar pese a que el “tema deportivo está por encima del tema económico, a pesar que en los momentos actuales necesitamos dinero” y que “si por mí dependiese no se iba, pero eso no es una decisión solamente mía, sino que hay otra parte que es el jugador”.

En un intento por mantener la calma del cadismo, el cordobés dijo que el jugador estaba “muy contento en el Cádiz” y que se sentía “muy valorado, no solo por el Consejo de Administración, sino por toda la afición y no creo que vaya a haber «caso Lucas Lobos» y que Lobos va a estar conmigo hasta final de temporada”. No fue así.

El día 20, el Cádiz CF anunciaba rueda de prensa con Lobos como tema principal. Se iba. Se lo llevaban. Mejicanos. Dos millones de euros se dijo y mucho más se sigue comentando que fue. Lo que sí era creíble es que el jugador presionó al club para salir ya que le estaban arreglando la vida de por vida. Muñoz, como con Armando y Pavoni poco después, abrió la mano y accedió a las peticiones de unos chicos que les habían subido a Primera y con los que se sentía en deuda.

Lobos lloró en su rueda de prensa de despedida y llegó a prometer que meditaría la idea de regresar al Cádiz CF una vez cumplidos los tres años firmados con el club azteca. Tampoco fue así.

Entonces, desde el club se vendió la venta como un favor a Lobos y otro a las arcas del club, debilitadas por el dispendio de Baldasano, Del Bosque, Carnero y compañía.

A la venta de Lobos le siguieron victorias en Tarragona y en el Pizjuán ante el Sevilla Atlético. El Cádiz CF se metía de lleno en la lucha por el ascenso y Muñoz maquilló las ventas con fichajes del tipo Bangoura, Kosowski y Natalio. Serían pan para hoy y hambre para el mañana.

El Cádiz CF se diluyó. De manera increíble. Y se fue al pozo en Alicante con Julián Rubio como entrenador en tres jornadas esperpénticas. Todo comenzó por una venta. La de Lobos. La última venta negra de un club que ahora afronta el desafío de retener a un jugador que se lo rifan desde Italia a España y pasando por Francia.

Pina, como en su tiempo Muñoz, ha tranquilizado al personal diciendo que si llega un club con la cláusula de 8 kilos por Alvarito él hará lo imposible por convencer al jugador. Difícil misión pero no imposible. Ni el Cádiz CF anda en la ruina que estaba con Muñoz ni por supuesto Pina es Muñoz.