Cervera observa Andrés Sánchez, último partido del murciano con el Cádiz CF, en el encuentro ante el UCAM.
Cervera observa Andrés Sánchez, último partido del murciano con el Cádiz CF, en el encuentro ante el UCAM.

Cádiz CF

Cuando el UCAM se le ‘apareció’ a Cervera

Todo estaba negro y anunciaba tormenta, pero en la penúltima jornada, en Carranza, el futuro del Cádiz CF comenzó a cambiar pese al 0-2

Por  8:00 h.

El UCAM, dentro del fútbol, es lo más cercano a una orden espiritual. El club murciano ahonda sus raíces en el pensamiento de Kiko Argüello, del Camino Neocatecumenal, y en las creencias de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Ahí es nada. Por eso, que el UCAM se ‘apareciera’ a finales del curso pasado a Álvaro Cervera tiene su parte onírica, su puntito de milagro, ese que Cervera y sus pupilos comenzaron a obrar dos semanas después tras empatar ante el Racing de Ferrol en Carranza y poner las primeras piedras de la obra que comenzó a idearse, precisamente, ante el UCAM en la penúltima jornada de Liga del curso pasado.

El caso es que el enfrentamiento ante el once universitario significó un antes y un después en la vida del Cádiz CF de Cervera, que a pesar de la derrota en Carranza (0-2) comenzó a ver cosas interesantes en un equipo al que muchos no le daban de vida ni una eliminatoria de cualquier ‘play off’. Era lógico.

Y lo era porque Cervera llegó al Cádiz CF a cuatro jornadas del final de la temporada regular. El equipo estaba muerto y dejó de creer en Claudio, que tras caer en casa del Almería B, dejaba su lugar a Cervera. El hoy entrenador del Cádiz CF llegó con los ‘play off’ prácticamente en el bolsillo y con la tarea de recuperar la ilusión de un equipo que andaba desnortado, peleado con su afición y al borde de un suicidio colectivo. El entorno tampoco colaboraba mucho. Pintadas en el estadio contra el presidente, gritos en el campo contra los jugadores, vandalismo en El Rosal con los coches de los jugadores rallados y pintados. El panorama era desolador y lo cierto es que las dos primeras semanas, incluso tres, Álvaro Cervera no parecía el más idóneo para no solo reflotar la nave siquiera, sino incluso para recuperar algo de dignidad.

Su debut en Carranza no pudo ir peor. El Mérida ganaba 0-1 (con gol del hoy jugador del Cádiz CF Aitor) y la grada explotaba contra el palco y los jugadores. Cervera, recién llegado, pasaba desapercibido en un estreno caótico. Para colmo, el hoy reverenciado discurso pausado, moderado y siempre atinado del técnico cadista en aquel entonces se veía frío, distante. demasiado para lo que había en juego. Porque sí, no hay que engañar, en esos momentos lo que le pedía el cuerpo a todo el entorno (prensa, directiva y afición) era un capitán general que espolease a un vestuario deprimido y que era incapaz, a la jornada siguiente, de ganar al Jumilla en un partido patético y televisado para más inri.

Y en esas que llegó en la penúltima jornada el UCAM, un equipo que estaba a una victoria de cantar el alirón del grupo y que hizo del Cádiz CF su víctima propicia. Cifuentes, Juanjo, Servando, Aridane, Andrés, Abel, Mantecón, Salvi, Jandro (Álvaro García, 56’), Carlos Calvo (Fran Machado, 66’) y Lolo Plá (Despotovic, 73’) fueron los hombres en los que confió un Cervera que una vez acabado el partido envió un mensaje esperanzador que apenas fue escuchado por nadie. Bueno, por nadie no. Por sus jugadores, sí.

A pesar de que el UCAM ganó 0-2, lo cierto es que el Cádiz CF hizo un partido digno «ante un equipo que venía a quedar campeón», manifestó con real humildad Cervera, que no escondió la inferioridad de los suyos. Eso sí, sacó buenas conclusiones. «Le hemos aguantado los 90 minutos», destacó aludiendo a que los goles murcianos llegaron en minutos claves y cuando mejor estaba el Cádiz CF, que «sin ser superior, sí al menos ha intentado recuperar buenas sensaciones en mitad de la línea descendente en la que se encuentra».

Discursos sin pasión en momentos fríos

En una rueda de prensa breve, sin chispa, desoladora, triste y sin esperanzas, Cervera manifestó que «este partido es el que más me ha gustado de los tres que hemos jugado». Y se fue. Así, sin más, dejando un poso de resignación entre los periodistas, que se miraban incrédulos por lo que acababan de escuchar y con el ‘play off’ a la vuelta de la esquina. Mejor reír… Como, lamentablemente, hizo la afición, que no tuvo reparos en pitorrearse de Despotovic tras un control desastroso del hoy jugador del Marbella. Ya por entonces el resultado era de 0-2, pero de la grada de Carranza lo que salía no eran gritos de enfado ni consignas contra el once de Cervera, sino pura chanza, cachondeo. Y eso, a dos semanas del ‘play off’ evidenciaba el pensamiento generalizado de un afición que acudía a la fase de ascenso con menos moral que un reo.

Pero Cervera no estaba engañando. Hasta el momento nunca lo ha hecho. La prueba evidente de que no lo hizo fue le último encuentro liguero en Jaén, donde el Cádiz CF terminó de convertirse en el ogro en construcción que se encontró el Racing de Ferrol, primera de las víctimas de un equipo al que se le había aparecido el UCAM enseñándole el camino que debía coger. Cierto es que el partido apenas fue visto por nadie y que eran pocos los que pudieron percatarse de que el cambio se había producido en un equipo que se había dispuesto a volar.

Los de Cervera, con un equipo donde ya no estaba Andrés Sánchez y aparecía Xavi Carmona, se imponían en La Nueva Victoria con un gol de Salvi sacado del manual ‘cerveriano’ que tanto dio al Cádiz CF en A Malata, estadio donde se obró el principio de un milagro que ya no tuvo fin.