Álvaro Cervera, antes de emprender un viaje.
Álvaro Cervera, antes de emprender un viaje.

Cádiz CF

Cervera se coronó en Aragón

El entrenador del Cádiz CF sentenció el encuentro con otro cambio táctico muy ofensivo

Por  8:00 h.

“Podemos jugar con once hombres detrás de la pelota y salir a la contra como nos ha hecho hoy el Cádiz CF y listo. Si eso es lo que queréis…”. Estas palabras, ‘más menos’, pertenecen al entrenador del Betis Quique Setién, un técnico que practica, intenta, un fútbol de autor pero sin los mejores actores de momento. De hecho, sus palabras fueron pronunciadas poco después de caer 3-5 ante el Cádiz CF en Copa del Rey y dirigidas a unos periodistas que le enseñaban la puerta de salida de un club que no entiende más que de resultados.

Las dijo con respeto y admiración hacia el que es su amigo Álvaro Cervera, pero las dijo. Y lo que encerraban esas palabras, igual que las que también les dedica con el máximo respeto y admiración al Cholo Simeone, es el pensamiento de muchos de sus colegas de profesión: jugar a la contra es ultradefensivo y quienes así lo hacen son señalados con el dedo acusador de los filósofos del verde. Eso sí, con admiración y respeto.

Pero lo cierto es que en los últimos partidos Álvaro Cervera está sacando el lobo que lleva dentro. En todo este debate, además, el técnico cadista parte con una ventaja muy importante. No se enfada porque critiquen su juego. Y no se enfada porque, entre otras cosas, comparte los pensamientos de sus colegas los filósofos y entiende que lo que él construye se basa en la destrucción. Porque él prefiere simplificar. Lo que Setién lo arregla con el ajedrez, Cervera lo resume jugando a las damas. Y es que para llegar el rey, es mucho más rápido la verticalidad que la horizontalidad que propone el entrenador del Real Betis. Y Cervera, con sus movimientos tácticos, alcanzó su corona en Aragón el pasado sábado. ¡Y de qué manera!

Ya antes lo había dejado claro y amplificó su trascendencia con la manita que endosó al Betis en toda una Copa del Rey y para atención de todo un país. Cinco goles como cinco soles que bien pudieron ser más. Algunos de ellos, cierto, a la contra. En cambio otros, gracias al empuje y a la presión asfixiante en el área rival ¿Defensivo? Todo lo contrario.

Que Cervera tenga una idea de fútbol pragmática no debe estar ligada de una manera imperiosa a que sus jugadores juegan bajo un patrón defensivo. Para nada. Es más, cada vez que las defensas contrarias tienen más calidad son más los pasos que dan hacia el frente los amarillos para ir a buscarla y no dejarle hacer. Así se salió en todo un Benito Villamarín y así se volvió a salir ante el Zaragoza, ambos equipos con entrenadores de esos del toque y de la posesión del balón como seña de identidad.

Por descontado que el ‘adn’, lo que le da sentido a todo el proceder ‘cerveriano’ es el compromiso, la solidaridad, el achique de espacios y el orden. Sí, son términos que muy alejados del preciosismo y van íntimamente ligados a la disciplina de una banda. No hay otra. Sin implicación, sin sudor, no hay Cervera, no hay nada. Una vez asumida la primera lección, la confianza y el espacio para el desparpajo ya vienen solos. Pero lo primero es lo primero.

Cervera, lo dicen todos sus jugadores, juega con una premisa elemental con la que no lo hacen sus colegas de la otra acera filosófica. El entrenador del Cádiz CF juega, tiene que jugar, con los defectos de sus jugadores. Los prevé, los visualiza antes que ocurran y, finalmente, les pone remedio antes que den la cara. Es posible que con los Setién, Jémez y compañía, los jugadores mediocres crezcan mucho más en aptitudes de lo que podrían crecer con Cervera. Tan cierto como los de Cervera seguramente hagan un máster diario de responsabilidad, experiencia y eficacia del mal menor. En cambio, en la otra creencia en la que se arriesga mucho más con un pase, a muchos defensas se les obliga a sacar el balón jugado dando lugar a cantidad de pérdidas que echan al traste el juego valiente y preciosista de sus creadores.

Pero Cervera es valiente. Muy valiente pese a lo que puedan pensar quienes hacen del monopolio del balón la única verdad. Más allá de colocar a su ejército de gladiadores detrás de la pelota, más allá de no dar lugar a imprecisiones o más allá de cuidar al detalle cualquier tipo de desajuste, cuando llega la hora de la verdad, el entrenador cadista es de los que ordena y obliga a salir de la madriguera a su equipo cuando este está siendo atacado.

Ha pasado varias veces ya, pero el pasado sábado en Zaragoza el ejemplo fue total. Ganaba el Cádiz CF 0-1 y no terminaba de abrochar el partido jugando con uno más desde la media hora de partido. El gol de Álvaro García aclaraba un tanto el panorama. Un panorama que para colmo se puso mucho más de cara después de la expulsión del meta local por unas manos claras fuera del área. Sin embargo, la reacción de coraje y garra del Zaragoza fue imprevista para una defensa cadista que se vio obligada a achicar balones jugando con ¡dos más! El enfado de Cervera en su área técnica era morrocotudo. Como no sería que a falta de diez minutos dio la orden de sustituir a Garrido por Romera en un claro mensaje que enviaba a sus jugadores. Fue tal la cara de desconcierto de Garrido cuando vio el 5 en la tablilla que hasta preguntó dos veces al banquillo si en realidad era él el elegido para abandonar el campo. Claro que lo era. No porque lo estuviera haciendo mal sino porque lo que estaba gritando a los cuatro vientos a sus jugadores es que o metían el segundo y mataban de una vez el partido o en el vestuario iba a contarles unas cositas pese a ir ganando 0-1. Su cambio rápidamente motivó una contra que casi acaba en gol. Fue a la siguiente cuando Salvi asistía (por segunda semana consecutiva para rematar un partido) a Romera y el delantero almeriense acababa con un cuento que no tuvo que durar tanto.

Sí, el Cádiz CF no solo había ganado tres nuevos puntos. Lo más importante, se negó a encerrarse en su campo contra un rival herido y lejos de perder tiempo se fue, por obra de su entrenador, a por el segundo. Y cayó. Y todo, con un entrenador ‘ultradefensivo’ al aparato. Curioso.