El canterano Ramón  ya jugó en Vigo.
El canterano Ramón ya jugó en Vigo.

CÁDIZ CF

Celta-Cádiz CF (2-0): Buena cara ante un castigo desmesurado

El Cádiz CF resiste en una buena primera mitad hasta el gol de penalti de Guidetti, y muestra un orgullo que no refleja el abultado marcador

Por  22:20 h.

Con buena cara. ‘Partía’, eso sí, pero porque se presentaba batalla en Balaídos. El Cádiz CF dejaba en Vigo una imagen a la altura de su historia pese al desmesurado castigo que refleja el marcador. La diferencia entre ambos contendientes, enorme tal y como marcan las categorías, si bien en 180 minutos esa distancia no fue tanta como los cinco goles encajados.

El equipo amarillo, el de los suplentes, los descartes y los canteranos, ofrecía gestos del orgullo propio de una entidad centenaria y se marcaba un duelo similar al de la ida. Achuchando, mordiendo desde el inicio, luchando cada balón, sin terminar de rendirse a la evidencia.

No se podía exigir más a unos futbolistas que acumulaban kilómetros en sus gemelos. Todos cumplían y resistían, tozudos mientras caían los goles de Guidetti y Drazic con dureza. El sueño se ha esfumado, pero esta Copa ha dado infinitas alegrías, a la cartera y a la hinchada. Otro año será.

Sin complejos. El Cádiz CF saltaba a Balaídos con una actitud irreprochable. Claudio enfundaba la camiseta azul con la franja amarilla a los once futbolistas con más galones del plantel, con Román como el único canterano ocupando la vanguardia y el resto del filial sonriendo en el banquillo. Tomás se quedaba con peor cara en la grada en su odisea para nada.

En esos primeros instantes repetía la aparición en escena de la ida. Los amarillos triplicaban la intensidad celeste, y con esa actitud celtiña las fuerzas distantes se igualaban sobre el tapete. Pero no sólo es fuerza. Este Cádiz CF posee jugadores con capacidad para crear fútbol, aunque en Segunda B y con la mano del míster levantino sea más complicado disfrutar con el balón como protagonista.

La unión de Quintana y Jandro servía para desarbolar a un Celta ridículo, que ni perseguía a los cadistas cuando pasaban por su lado. Esa relajación engrandecía a los amarillos, que con la eliminatoria perdida deseaban dejar la mejor imagen sobre un campo histórico. Álvaro rompía a Planas con su velocidad, y los centros por la izquierda de Andrés y el reciente fichaje obligaban a esforzarse al meta Rubén. El arquero despejaba con apuros un disparo de Alberto con la derecha.

El Cádiz CF disfrutaba, y Román se quedaba a un palmo de emular a su padre cuando su disparo forzado se marchaba cerca de la madera. La tenían los visitantes, solos en Vigo pero jaleados a través de la televisión por unos hinchas que por momentos abandonaban el Carnaval para soñar con su equipo.

Calcaban la primera mitad de la ida. Demasiado parecido. Con sólo diez minutos de retraso. El primer error grosero del Cádiz CF lo aprovechaba el cuadro de Berizzo también en su primera ocasión. Andrés perdía la bola, Josete no llegaba a cerrar y Pol Ballesté cometía penalti sobre Guidetti. El arquero levantaba las manos para no derribar al sueco, que hacía todo y un poco más para dejarse caer al llegar antes al balón. Doble engaño pues también se la jugaba al portero malagueño desde los once metros para abrir la brecha.

El tanto (4-0 global) descomponía a los de Claudio, noqueados al comprobar como su esfuerzo se colaba por el sumidero. El fútbol es así, pensar lo contrario es empeñarse es ir contra la lógica. Es más, un dudoso penalti sobre Drazic podría haber movido de nuevo el luminoso antes de marchar a vestuarios.

Tocaba rearmarse en la segunda mitad, encontrar una motivación para no hundirse más. Todo jugaba en contra. La eliminatoria, el marcador, la diferencia de nivel y el cansancio por 14 horas de viaje en autocar. Aún así, los amarillos no bajaban los brazos y volvían a asustar nada más sacar de centro en la reanudación.

Román, con una potencia de la que hace gala cada domingo en Andaluza y ya mostró en pretemporada, le robaba la cartera a Alende, que le derribaba cuando se disponía a encarar a Rubén. La falta podía ser roja pero quedaba en amarilla por la interpretación del colegiado, y Jandro la estrellaba a continuación en el lateral de la red.

Meritoria la actitud de un Cádiz CF que se negaba a arrojar la toalla pese a la segura liquidación. Ballesté y el larguero evitaban en una curiosísima jugada el segundo tanto, del Celta y de Guidetti. El reloj marcaba la hora y obligaba a Claudio a dosificar a su plantel. Retiraba a Román, que cumplía en una prueba de fuego (merece más minutos en la primera plantilla), e ingresaba Manu Vallejo, la nueva perla de un filial sometido a expolio continuo.

Los cambios finiquitaban el mínimo de intensidad de un choque que parecía un bolo veraniego. Ya el Celta mandaba sin oposición y acumulaba ocasiones sobre los dominios de Pol. Sólo los destellos de Quintana animaban al respetable, y es que el gaditano ha incorporado a su repertorio esa ruleta para fajarse con éxito de los contrarios.

El golazo de Drazic era un oasis en el desierto. El celtiña hacía un caño a Garrido, recogía la pared de su compañero Señé y batía con elegancia al meta del Cádiz CF. No quedaba para más. La Copa de Cheryshev se queda para los grandes, el Cádiz CF se sumerge ahora en otras batallas terrenales. Esto quedará para la historia. Queda centrarse en el presente.

 

FICHA TÉCNICA

CELTA DE VIGO: Rubén; Pape, Alende, Sergi Gómez, Planas; Radoja (Pablo Hernández, 61′), Señé, Borja Fernández (Borja Iglesias, 51′); Madinda, Drazic y Guidetti (Jonny, 68′).

CÁDIZ CF: Pol Ballesté, Cristian, Josete, Servando, Andrés (Juanfran, 79′), Garrido, Mantecón, Álvaro García, Alberto Quintana, Jandro (Pavez, 66′) y Román (Manu Vallejo, 60′).

GOLES: 1-0: Guidetti, desde el punto de penalti, engaña a Ballesté y marca por bajo (34′); 2-0: Drazic recibe la pared de Señé y bate a Ballesté con elegancia (77′).

ÁRBITRO: Sánchez Martínez (colegio madrileño). Mostró cartulina amarilla a Pol Ballesté, Alende. Expulsó a Alfredo Santaelena, segundo entrenador del Cádiz CF.

INCIDENCIAS: Estadio de Balaídos. Pocos espectadores en las gradas.