Javier Carpio, en un entrenamiento junto a Salvi, de espaldas.
Javier Carpio, en un entrenamiento junto a Salvi, de espaldas.

Cádiz CF

Carpio, defensa, mediocentro y hasta médico sin anestesia

El bravo lateral del Cádiz CF se colocó solo el hombro izquierdo tras habérselo desplazado

Por  18:39 h.

Javier Carpio parece un tipo normal cuando se le ve vestido de paisano. Lo parece incluso cuando sale del túnel de vestuarios vestido ya de futbolista. Pero cuando empieza el balón a rodar, el tío se convierte en un jabato. Se ha hecho con el respeto del vestuario y con el de la grada. Le ha costado lo suyo. Eso sí.

Porque al principio puede que levantase sospechas. Y hasta cierto punto era lógico. El murciano comenzó la Liga con muchas dudas. De hecho, en la tercera jornada en Miranda incluso dejó su sitio al olvidado Juanjo, No parecía ser ese lateral que venía para quedarse pese a hacerlo del Alavés, equipo con el que ascendió a Primera siendo parte importante del club vitoriano. Cierto es que esas jornadas la defensa era bien distinta a la formada hoy con Aridane y Sankaré con mando en plaza. Tan cierto como que sus participaciones dejaban lugar a las críticas de muchos parroquianos y analistas. Pero el tío siguió. Y siguió, y siguió. Hasta que con el tiempo Carpio se ha consolidado no solo como un hombre primordial de la defensa, sino de todo el equipo.

Calidad tiene poca, pero con el empuje y con la rabia que transmite en cada una de sus acciones es capaz de encender a la grada entera de su banda. Y eso, contagia. No solo se queda en casta sobre el césped y en cada jugada. Sus gestos de rabia, sus formas de celebrar los goles, su manera de discutir, de hablar, de gritar a sus compañeros es puro fútbol honrado. A todo esto le une la conexión pura que mantiene con el aficionado que sigue sus pasos en el partido. Su rostro airado de camino a los vestuarios tras el 1-0 (de penalti) ante el Levante lo dice todo. Porque Carpio es el primero en intentar dialogar con el árbitro, pero cuando se cabrea es todo un ciclón. Y hace bien. Sabe hasta dónde puede llegar. Raro es que le saquen tarjeta por protestar porque, cuando lo hace, hasta el árbitro sopesa la idea de que pueda estar cargado de certezas a razón de la mirada de unos ojos que creen no estar mintiendo porque se saben en posesión de la verdad.

Todo eso es Carpio. Un jugador honrado al que Cervera ha llegado a poner hasta de mediocentro. Un jugador que se muerde la lengua para callarse ante un árbitro y hasta para ahogar su dolor. Como ayer en El Rosal, donde el murciano protagonizó el susto de la jornada cuando el entrenamiento tocaba a su fin. El lateral diestro chocó con un compañero durante el partidillo con tal mala suerte que se le salió el hombro izquierdo. Antes de que los galenos pudieran colocárselo él ya lo había hecho solo.

No es la primera vez que le pasa a Carpio. Sin ir más lejos, el año pasado en el Alavés sufrió un esguince de grado 2 en el mismo hombro tras realizar una chilena y caer en mala postura. Aquella vez se perdió un partido pero a juzgar por lo visto ayer, todo hace indicar que el bravo lateral podrá viajar a Alcorcón.