Canito militó en Cádiz CF y Real Zaragoza, entre otros equipos.
Canito militó en Cádiz CF y Real Zaragoza, entre otros equipos.

CÁDIZ CF

Canito, de ilusionante líbero a ‘juguete roto’

Alcohol, drogas y excesos acabaron hace 16 años con la vida del exjugador de Cádiz CF y Zaragoza cuando apenas tenía 44 años

Por  8:18 h.

Cádiz CF y Zaragoza se verán las caras el próximo sábado en la Tacita de Plata. Dos históricos del fútbol español volverán a cruzar sus caminos después de muchas temporadas sin medir sus fuerzas. Años y años de ausencias que nunca borrarán de la mente el fútbol de aquellos jugadores que, con mayor o menor fortuna, defendieron la elástica cadista y la zamarra maña. Desde los venerados Andoni Cedrún o Pepe Mejías hasta esos otros que, como el delantero Loreto, pasaron con más pena que gloria por Carranza y La Romareda.

También vivió esa experiencia uno de esos ‘juguetes rotos’ cuya calidad pasa a un segundo plano ante un carácter tan inoportuno como indomable. Es el caso de José Cano López, Canito, uno de esos exfutbolistas que dijo adiós antes del medio siglo de vida.

Nacido en Llavorsí (en pleno pirineo ilerdense) el 22 de abril de 1956, su vida se apagó hace prácticamente 16 años. Fue el 25 de noviembre de 2000 cuando se escribió la última página de la historia de un futbolista de carrera más prometedora que consolidada, plagada de extravagancias y excesos. Díscolo, amante del lujo, los coches y la moda, problemas con el alcohol y las drogas tumbaron a este jugador en La Pobla de Montorés (Tarragona), donde residió durante los últimos meses en el domicilio de su hermana.

El ‘globo’ a Cruyff

Bien es cierto que su etapa en el Cádiz CF no fue especialmente brillante. Llegó gracias a la ‘mili’ y disputó 20 partidos en Primera (77-78) tras pasar por Lleida y Espanyol Algo más de 1.600 minutos vestido de amarillo en los que no anotó ningún gol y no pudo evitar el descenso a Segunda en un curso en el que Enrique Mateos, Luis Escarti y Mariano Moreno pasaron por el banquillo cadista. Fue el histórico curso del debut del Cádiz CF en la máxima categoría del fútbol nacional.

Junto a él, sobre el rectángulo de juego aparecían cadistas ilustres como Carvallo, Barrachina, Escobar, Mané, Villalba, Paco Baena, Ramón Blanco o un ilusionante Pepe Mejías, que ya despuntaba.

20 partidos en los que dejó un detalle imborrable para los cadistas: un globo al mismísimo Johan Cruyff, al que marcaba, en el Camp Nou. Empate por la puerta grande (1-1). Y vuelta al Espanyol.

Polivalente, aunque habitual en el eje de la zaga, Canito llegaba a la capital gaditana después de una infancia muy dura. Su padre murió cuando él era muy pequeño y su madre lo internó cuando tenía seis años en el colegio La Salle de Nuestra Señora del Port, donde se crió entre huérfanos y abandonados. A los 14 años decidió huir y empezar una vida callejera en uno de los barrios más pobres y desatendidos de la Ciudad Condal. Allí rozó el límite de la delincuencia hasta que la Peña Barcelonista Anguera le fichó siendo un juvenil pero no pasó a la cantera culé. Fue en el Lloret donde llamó la atención de un Espanyol que apostó por él tras su cesión en el Lleida y su fugaz paso por el Cádiz CF.

Ídolo y demonio

Venerado en Sarriá, el Barça llamó a su puerta (pagó 40 millones de pesetas a su vecino blanquiazul) y se marchó, adelantándose los culés al Real Madrid, el equipo de su ídolo José Antonio Camacho. Allí su indomable forma de ser hizo que aplaudiera goles de su Espanyol delante de su público (al ser anunciados en el videomarcador) o abandonara el estadio con un corte de mangas a la que era su afición tras ser expulsado ante el Lleida en la Copa del Rey. También se entrenaba con la zamarra ‘perica’ debajo de la azulgrana. E incluso cuando tenía ficha con el Barça se fue de gira por Sudamérica con el Espanyol de Maguregui. De golpe en golpe. Regresar a Sarriá era su destino y lo consiguió dos temporadas después al formar parte de la ‘Operación Urruti’.

A Zaragoza llegó en 1984 tras su singular paso por el Betis, donde cumplió dos de las tres temporadas por las que firmó. Harto de que en Sevilla se hablara mejor de su compañero Mantilla que de él, optó por jugar como local en La Romareda.

Su última oportunidad

El Zaragoza fue su último equipo en Primera. 24 encuentros ligueros fue su sello en un conjunto aragonés que le fichó a última hora como relevo de urgencia del defensa internacional Salva. Al final, su mala relación con el entrenador Enzo Ferrari, con el que casi llegó a las manos, precipitaron su marcha del club.

Os Belenenses y de nuevo Lloret cerraron la trayectoria de Canito antes de poner el broche en el modesto Gimnástic Iberiana, el club de su barrio.

Inmerso en una difícil situación económica, había recibido la ayuda de la Asociación de Veteranos del Barça y del Espanyol. Condicionado por su complicado entorno (sus amigos, por los que dio todo, se olvidaron de él en su momentos más amargos), su vida fue de mal en peor, pasando muchas dificultades económicas, sin superar sus problemas con el alcohol y las drogas.

Abandonado también por su esposa, fue un ‘sintecho’ que, recogido por su hermana Fina, murió a 20 kilómetros de Tarragona.

Triste final para un futbolista díscolo que llegó a ser internacional con la selección española y del que Kubala apuntó en su día: «Podía haber sido el mejor líbero de la historia del fútbol español». No fue posible. En Cádiz y Zaragoza pudieron seguir sus pasos. En el sur en su esperanzador inicio. En el norte en su declive.