Abdullah y Dani Romera celebran la victoria del Cádiz 
CF ante el Betis.
Abdullah y Dani Romera celebran la victoria del Cádiz CF ante el Betis.

CÁDIZ CF

Real Betis-Cádiz CF (3-5): Asalto a los cielos

El equipo de Cervera prosigue su vuelo sin encontrar techo con una exhibición histórica ante el Betis; otra ronda de Copa

Por  0:03 h.
Betis
3
Cádiz
5
Real Betis: Dani Giménez, Rafa Navarro (Barragán, 46'), Camarasa, Durmisi, Tosca, Mandi, Narváez (Joaquín, 76'), Tello, Boudebouz, Nahuel (Guardado, 46') y Sergio León.
Cádiz CF: Rubén Yáñez, Brian, Kecojevic, Mauro, Nico Hidalgo, Alex Fernández, Abdullah, Aitor (Álvaro, 68'), Moha (Salvi, 68'), Romera y Barral (Garrido, 84').
Goles: 0-1: Barral (3'); 1-1: Boudebouz (8'); 1-2: Romera (18'); 2-2: Tello (24'); 2-3: Aitor, de penalti (26'); 2-4: Romera (41'); 3-4: Tello (65'); 3-5: Kecojevic (77').
Árbitro: Trujillo Suárez (colegiado tinerfeño). Amarilla a Moha, Boudebouz, Narváez, Camarasa
Estadio: Benito Villamarín. 25.829 espectadores. Más de 200 seguidores cadistas en la grada.

Algo especial se palpaba en el ambiente. Una pequeña llama amenazaba con arder entre las cenizas e imponerse a la gelidez con que se despertaba un día eterno. Una locura con un mínimo atisbo de sensatez. La desazón bética ligada a la exaltación amarilla ofrecía un escueto resquicio por el que soplaban vientos de esperanza. Porque este deporte es el único en el que la cabeza y el corazón pueden superar las diferencias que marcan las categorías

Una grieta minúscula en una muralla tambaleante derribada a martillazos. Destrucción masiva en un combate con media hora épica, tremebunda, de esas que los nietos tendrán que aguantar a sus abuelos a cambio de la paga. El símil pugilístico es el idóneo por la velocidad de acción, por la contundencia del intercambio de golpes, por el arrojo y el valor sin apenas guarecerse y sin el miedo de besar la lona.

Un gancho de Barral al inicio del asalto para hacer saltar la chispa; un contraataque de Boudebouz de falta que penetraba en la barrera abierta y se hundía facilidad resbalando entre los guantes de Yáñez. El testarazo legal de Romera al aprovechar la prolongación de Moha en el saque de esquina; la reacción con el crochet de Tello, girando al máximo la muñeca que ostenta en su bota derecha. Y el directo, golpe bajo al estómago de Aitor desde once metros para noquear a un Betis que expiraba ante la incredulidad de su propia hinchada.

Más que contarlo, verlo. Más que verlo, sentirlo. Ese. El silencio sepulcral que prorrumpía en silbidos, que estallaba en la detonación descontrolada de Cervera y los suyos. Ese silencio roto que hasta entonces sólo perturbaba el latido al unísono de todo el cadismo. Entonces, justo después de despegar Giménez el balón alojado en sus redes, el cuadrilátero se transformaba en una sala de baile donde el sonido de viento lo ponía la afición local, y la melodía el Cádiz Club de Fútbol.

Ni siquiera el colegiado maniataba a un mosquetero que proclamaba a Gibraleón capital planetaria del balompié por unos instantes. Brian hacía jirones el costado verdiblanco, Romera se zambullía en el océano en el que se convertía la defensa heliopolitana, Álex y Abdullah ejecutaban el cortocircuito en la sala de máquinas de Setién… pero en la brillantez Aitor marcaba la excelencia.

El onubense herraba a Giménez con la marca de la casa aunque el linier invalidaba la acción al confundir su velocidad y verlo incomprensiblemente dos pasos por delante. Un obstáculo, otra oportunidad. El extremo se burlaba de Rafa Navarro hasta reducirlo a un guiñapo y su lanzada al corazón del área la culminaba Dani Romera con la punta de la bota para estremecer Sevilla entera.

¡Cada uno a su esquina! El trencilla ofrecía la rutinaria tregua tras una acción calcada a la del cuarto gol y con una inmensa superioridad del inferior.

La batalla de Betis y Cádiz CF tras el descanso

El escenario debía cambiar porque resultaba toda una afrenta a la lógica. Setién rearmaba sus filas con la inclusión de Guardado y Barragán, artillería pesada, por Nahuel y Navarro. El empuje del ‘Primera’ obligaba a retroceder líneas a un ejército en el que comenzaban a relucir las carencias. Nico Hidalgo como lateral improvisado, Romera pagando el esfuerzo tras un primer tercio de campaña de asueto obligado, Abdullah en similar sintonía… Barragán y Tello erraban a la primera pero el ex del Barça aprovechaba el espacio del falso carrilero para recortar con demasiado espacio por delante.

El 3-4 trocaba la inercia. El Betis se reponía quedando a un solo gol del pase. Cervera se guardaba las dos balas en la recámara e inmediatamente las cargaba en el tambor de su revólver. Alvarito y Salvi expresaban la ambición de un Cádiz CF que no renunciaba a soñar en una noche mágica.

Kecojevic cabeceaba fuera en un córner y Salvi confirmaba la respuesta amarilla: ante el acoso, no le restaba más opción que el contragolpe. Tras las siete muescas, nadie esperaba que el tiroteo terminara de esta guisa con un cuarto de hora eterno por delante.

El ánimo decaído de la parroquia local levitaba de nuevo. Joaquín ingresaba en la contienda dispuesto a traicionar sus orígenes. El Betis levantaba la testa. Así que contemplaba maravillado ese balón que volaba y caía como una granada en tierra hostil. Allí donde se alzaba la torre de Montenegro, el eslavo de la vieja escuela. Kecojevic mudaba por vez primera su rostro serio para celebrar la explosión definitiva, la destrucción final. El plan de Detonaciones Cervera SA funcionaba a la perfección y el Villamarín se hundía sobre sus pilares.