Carrillo celebra su gol ante el Barcelona B
Carrillo celebra su gol ante el Barcelona B

CÁDIZ CF

Cádiz CF-FC Barcelona B (3-1): El imperio del águila

Esta rapaz depredadora se apoya sobre sus alas para alcanzar la cima de Segunda y devorar una nueva presa

Por  23:56 h.
Cádiz
3
Barcelona B
1
Cádiz CF: Cifuentes; Servando (Nico Hidalgo, 77'), Kecojevic, Marcos Mauro, Lucas; Garrido, Álex, Salvi, Rubén Cruz (Carrillo, 59', Barral, 67'), Álvaro García; y Dani Romera.
FC Barcelona B: Ortolá; Palencia, David Costas (Monchu, 71’), Fali, Cucurella; Oriol Busquets (Alfaro, 71’), Aleñá, Ruiz de Galarreta; Concha, Lozano (Cardona, 60’) y José Arnáiz.
Goles: 1-0: Centro de Álvaro y Salvi remata con la ayuda de la frágil defensa (49'); 2-0: Gran jugada colectiva que inicia Salvi, Romera cede a Carrillo y éste define con calidad y precisión (63'); 3-0: Carrillo engaña al portero desde el punto de penalti (65'); 3-1: Marc Cardona, al rechace tras repeler Cifuentes un remate de cabeza (70')
De la Fuente Ramos (del colegio castellano-leonés). Amonestó a los locales Kecojevic y Álex Fernández; y a los visitantes Palencia, Cucurella y Lozano.
Incidencias: Ramón de Carranza.

El águila se yergue imponente, poderosa. Avista a su presa, desliza sus garras afiladas, alza sus alas… y a volar. A volar tan alto como le permitan sus extremidades, que le confieren una envergadura sobrecogedora. Sobre ellas se apoya, sobre Salvi y Álvaro, que impulsan a una fiera voraz, depredadora, inmisericorde con su víctima. Con ellas alcanza la cima plateada despojando de alma y dejando en huesos a todo lo que encuentra en su camino.

Ante la frágil revolución del ‘tiki-taka’, la tímida resistencia, se impone el imperio del águila. La fuerza es muy poderosa en este Cádiz CF que de nuevo es líder de Segunda División. El mejor de todos, mérito enorme. Tras una primera mitad infumable, el segundo asalto deparaba un espectáculo por momentos emocionante, frenético, esquizofrénico, brillante y finalmente sublime. Con un equipo amarillo arrollador y una zaga azulgrana suicida; con un penalti errado y otro convertido; con dos goles de Carrillo y su lesión en el festejo; y con el arreón final e inservible de un filial con pinta regulera.

Literatura que deja paso a las matemáticas, tan incómodas y complejas como ciertas. Séptima victoria consecutiva, 35 puntos en el casillero, un sólo tanto recibido en ocho comparecencias… y ese 1. El 1. El que esta motocicleta porta en su carenado, el que le defina como líder a expensas de lo que suceda en el Alcoraz.

La película del Cádiz CF-Barcelona B

La ‘séptima’ se labraba desde el arranque pese al flojo inicio. Ahora… Dani Romera. En otro día de éxitos, el ‘cholismo’ regresa a Cervera, que rota a sus delanteros pues en los últimos tres duelos ha cambiado la referencia. De Carrillo (Albacete) a Barral (Zaragoza) para terminar en el almeriense, espoleado por el reencuentro con su trampolín. De escudero Rubén Cruz, máximo pundonor, mínima eficacia de cara al gol, y Álex tomando los galones de José Mari a los mandos.

El fútbol es un deporte precioso por imprevisible y por la disparidad de caminos que se pueden escoger para alcanzar el éxito. Cádiz y Barça B son la noche y el día, el norte y el sur, la cara y la cruz. Los cachorros de Gerard dominaban en los primeros instantes con su juego combinativo, en horizontal, con la portería lejos de su objetivo y un juego cimentado en la técnica impecable de los chicos. Al relevo, el cuadro de Cervera no generaba el mismo fútbol pero sí mayores ocasiones con un estilo sencillo, tan diáfano como lanzar el balón a los costados para que corran los puñales.

En esas se dirimía la contienda. Romera y Alvarito asustaban mientras Salvi moldeaba la melena de Cucurella, que bien pronto se le encrespaba de tanto correr tras el sanluqueño. Con carácter y velocidad, los locales frenaban el ímpetu inicial de los azulgranas aunque faltos de pólvora en los metros finales. De ahí que esbozaran un choque soporífero para el asistente, sin vida ni historia, con el receso como alivio ante el suplicio.

Cádiz CF-Barcelona B, tras el descanso

Ambas escuadras, después de una infame primera mitad, incrementaban el ritmo a la salida del vestuario. David Concha cogía la espalda a Servando y Álvaro hacía lo propio con su par. Al tercer golpe, Carranza estallaba. El utrerano alcanzaba la máxima velocidad por el carril zurdo de la autopista y clavaba el cuchillo en el corazón del área, allí donde entraba el otro sable para penetrar en la mantequilla barcelonesa.

Salvi dinamitaba el partido con el gol, que descubría el talón de aquiles azulgrana, y quebraba de nuevo a la frágil zaga rival adelantándose lo justo para que le señalaran penalti. Otra pena máxima malograda esta vez por Álex, heredero de Barral y Aitor y quien perpetúa un problema sintomático.

El error, palpar con las yemas la sentencia y malograr el tiro, no desanimaba a esta rapaz que se erguía alzando las alas y volando con Salvi y Álvaro memorables. Cervera imponía el fútbol antiguo, el arcaico, el tantas veces dilapidado por las modas: dos extremos bien abiertos surtiendo a los arietes, lanzando la granada para acabar con la resistencia.

El ‘flaco’ terminaba por reventar la ‘inexistente’ fortaleza culé iniciando una acción que prolongaba Romera con un gran pase en profundidad y culminaba Carrillo definiendo con clase y precisión. Una joya en versión exprés. Y la voracidad de este depredador no tiene límites. Huele la sangre y se lanza implacable sobre su presa. Alvarito y Romera mordisqueaban entre la carroña y al sevillano lo derribaban para cometer el segundo penalti, que sí transformaba el bigoleador Carrillo.

Frenesí en Carranza. Delirio que conducía a la locura. El delantero saltaba nueve minutos al césped, arreglaba el entuerto con dos tantos y se retiraba lesionado por una celebración excesivamente efusiva, y sobre todo accidente. Entre la alegría del ‘killer’ y las muecas de dolor daba paso a Barral, que contemplaba en primera fila como el otro sanluqueño, Marc Cardona, infundía emoción al compromiso con el recorte en el luminoso.

Cifuentes perdía así la imbatibilidad, ocho partidos después, 13 horas sumadas, sin consumar el récord absoluto de la categoría de plata. Servando colocaba otro obstáculo en el camino al abandonar tocado el choque y dejando a Nico en el costado. Tres laterales diestros en la enfermería. Eso sí, que es un récord.

Cervera templaba los ánimos desde el banco y sus alumnos controlaban la disputa. El susto de Aleñá moría demasiado lejos de su objetivo. El Barça B era la nueva presa de un Cádiz CF que dice que esto no es un juego de niños: que ya sólo quiere jugar con los mayores.