cadiz-cordoba-ortuño

Cádiz CF

Cádiz CF-Córdoba CF (1-1): El viento frena al Cádiz

El equipo amarillo galopaba hacia su destino pero un golpe de levante reducía al trote su caminar

Por  23:45 h.
Cádiz
1
Córdoba
1
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio, Aridane, Sankaré, Luis Ruiz, Garrido, Abdullah (Eddy Silvestre, 75'), Salvi (Nico Hidalgo, 82'), Alvarito, Aketxe y Ortuño (Santamaría, 84').
Córdoba CF: Kieszek, Antoñito, Caro, Deivid, Bittolo, Edu Ramos (Alfaro, 56'), Aguza, Pedro Ríos (Rodri, 62'), Javi Lara, Javi Galán y Piovaccari (Luso, 84').
Goles: 1-0: Aketxe, de falta directa (50'); 1-1: Alfaro controla con el pecho un saque de banda y fusila a Cifuentes (74');
Árbitro: Valdés Aller (colegio castellano-leonés). Tarjeta amarilla a Edu Ramos, Deivid,
Incidencias: Estadio Ramón de Carranza. Se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de la madre del exjugador de Cádiz y actual del Córdoba, Carlos Caballero.

Y cuando el Cádiz CF galopaba hacia su destino, el viento frenaba la montura y reducía la velocidad al trote. Despacito, al ritmo de Luis Fonsi camina el conjunto gaditano; o mejor suena el golpe a golpe, punto a punto, porque este andar lento le ofrece ventaja sobre aquellos que sufren parones en su travesía. Otro empate, el sexto en los últimos siete compromisos, ante un Córdoba apático que se aferraba al levante para encontrar el botín que ansiaba desde que partieron desde el Arcángel.

El pequeño tornado que se hacía fuerte en Carranza condicionaba el duelo y perjudicaba los intereses amarillos, que se adelantaban con una genialidad de Aketxe y pagaban sus desaciertos con la pena del gol en un error auspiciado por el aire. Las cabalgadas de Alvarito y Salvi, las argucias trileras de Abdullah y la elogiable lectura del juego de Garrido perdían efecto por ese saque de banda que adquirió un empuje inusitado para terminar en las redes de Cifuentes. No queda otra que poner al mal viento, buena cara.

Así sería durante un par de horas, insistente sin desmayo. Saltos, requiebros y cabriolas. La bola danzaba golpeada con violencia por Eolo y nadie enlazaba el globo, no existía manera humana de sujetarlo con el cordel. El soplo del levante se convertía en un protagonista más de la tarde-noche gaditana en Carranza. Los vecinos de Córdoba ya saben como se las gasta este airecillo peculiar, que en la playa se ataja resguardándose en el chiringuito pero sobre el campo exige concentración máxima, intensidad y hasta dotes de pitonisa para adivinar dónde caerá el balón.

Aquí en Cádiz no es la primera vez que se cuela este invitado en la fiesta, y cuando uno no puede con su enemigo no queda más remedio que aliarse a él. Los amarillos se adaptaban a las circunstancias y pronto lanzaban a las cuerdas a su adversario.

Los pupilos de Cervera jugueteaban con ese frasquito de veneno. Un centro de Luis Ruiz variaba su trayectoria y destino por mor del levante y asustaba a Kiezsek; también añadía peligrosidad a un disparo de Salvi. Pero mientras se tenía sobre las manos, o entre los pies, se corrían riesgos de que en una pifia se derramara sobre el propio delantal. Y ahí encomendaba el Córdoba casi todas sus opciones de sorpresa.

El Cádiz CF cumplía con su cometido, a falta de ese gol que se ha extraviado en las últimas fechas. Una excelente jugada por diestra la remataba Garrido al cuerpo del guardameta. Y Aketxe se fabricaba la ocasión con un recorte de maestro pero su zurda se quedaba sin potencia en el instante preciso.

Las diferencias clasificatorias, que no de presupuesto, en ambas escuadras se reflejaban sobre el tapete. Los blanquiverdes se sentían inferiores y batallaban desde el arranque por ese preciado punto; los locales querían más, los tres puntos entraban en sus cuentas. El descanso premiaba a los visitantes, que soñaban con que pronto expirase el duelo completo.

El Cádiz CF sí quería el triunfo

La tregua deparaba la misma versión inicial, pero con el viento soplando el contra. Los profesionales aseguran que es preferible que el aire frene la pelota, pero Salvi no pensaba en ello cuando agarró el esférico, se lo pasó de bota a bota como si tuviera una cuerda entre ellas, y asistía para que Ortuño encarase al arco contrario. Deivid derribaba al de Yecla, pero sería sólo una manera como cualquier otra de posponer el golpe certero.

Los focos apuntaban a Ager Aketxe. El cachorro de Lezama realizaba el ritual tradicional mientras Abdullah sujetaba el cuero, pisándolo contra el césped. Uno, dos, tres pasitos y con una suavidad pasmosa, con un guante de terciopelo en su pie izquierdo, fabricaba un instante de silencio justo antes de arrancar el grito que da sentido al fútbol. ¡Gooool!

El Cádiz CF recogía el premio sobradamente merecido. Y disfrutaba de una inmejorable ocasión para alargar la distancia entre la ciudad fenicia y la califal. Alvarito firmaba una jugada maradoniana, sentando a dos rivales, pero Salvi se la entregaba al meta contrario en un gesto de cortesía. Lástima que el sanluqueño, en un momento excelso de piernas y cabeza, vea lastradas sus participaciones con estos errores flagrantes ante la portería rival.

La incertidumbre que ofrece siempre este deporte, multiplicada por ese punto de incomodidad y de desacierto que imprimía el viento, permitía a los blanquiverdes mantenerse en el partido. Rodri lanzaba a las nubes una chilena dentro del área pequeña. No hay nada peor que jugar así.

Y ocurría lo que nadie esperaba pero todos temían. Un saque de banda al corazón de los dominios de Cifuentes, saltos, requiebros y cabriolas… y un disparo de Alfaro al fondo de las mallas. Igualada sorprendente. El giro era tan radical, el viento provocaba tal desfase, que con él a favor y Eddy Silvestre en el campo el Córdoba adquiría muchas papeletas para llevarse el premio gordo de la tómbola. Ni siquiera compraba el boleto porque, como en aquellos concursos televisivos, no había venido a jugar y se plantaba con esa propina. La X era la apuesta segura, sin duda.