Güiza marcó el gol del Cádiz CF en el partido de ida celebrado en Carranza.
Güiza marcó el gol del Cádiz CF en el partido de ida celebrado en Carranza.

Cádiz CF

Cádiz CF 1-Balona 0 (CRÓNICA) Tres puntos aliñados con pitos

Güiza, tras un penalti dudoso, da la victoria al once amarillo tras un deprimente partido en Carranza

Por  20:15 h.
Cádiz CF
1
RB Linense
0
Cádiz CF: Cifuentes, Juanjo, Aridane, Josete, Andrés Sánchez, Mantecón (Quintana, 60'), Abel, Kike (Lolo Plá, 77'), Fran Machado, Hugo (Álvaro García, 67') y Güiza.
1-0: Güiza (78') (al rechace de un penalti)
Balompédica Linense: Mateo, Manu Palancar, Javi Gallardo, Carlos Guerra, Jose, Chico, Juampe, Ximo Forner (Espina, 78'), Mauri, José Ramón (Copi, 77') y Zamorano.
Sánchez Villalobos (Almería). Mostró cartulina amarilla a los visitantes Juampe, Mateo y a los locales Hugo, Andrés Sánchez, Aridane, Cifuentes y Fran Machado.
Partido correspondiente a la décimotercera jornada del grupo IV de la Segunda B. Se guardo un respetuso momento de silencio en recuerdo a las víctimas del atentado en París mientras se hizo sonar notas con el himno francés de la Marsellesa.
Ramón de Carranza. Cerca de 10.000 espectadores con presencia de un centenar de seguidores de la Balona.

Estaba cantado que Claudio iba a tirar de cambios -por enésima vez desde que es entrenador del Cádiz CF- para revolear el once que no tuvo narices de ganar al colista la semana pasada en Carranza. Y así, metía cantidades industriales de calidad, experiencia y talento. Regresaron los olvidados Hugo y Kike, también Fran Machado. Salieron de inicio los añorados Juanjo y Andrés. Y se cargó a Garrido para dejar si sitio a Mantecón, el chico de los recados para el entrenador valenciano, el que vale para todo. En definitiva, que el de Manises se veía con el agua al cuello y de camino al cadalso y antes que morir de rodillas prefiere erguirse con sus mejores hombres, pese a que no estén ni de lejos en su mejor momento. Con su mejor once y con el sistema que todo el mundo ve más factible para un equipo que se derrite en la medular, que juega roto, a jirones y que apenas aguanta cinco minutos dominando en su propia casa, que ya es decir.

Porque dicen que trabajan bien durante la semana. Lo dirán porque lo hacen muchos días a puerta cerrada y porque apenas suenen los pajarillos de El Rosal, porque cada vez que pisan Carranza, se abre el telón y aparece su hinchada, aparece el miedo escénico. De lo contrario, no hay explicación posible o es muy difícil de encontrarla.

Los primeros minutos bastaron para comprobar como aún los chicos de Claudio no se enteran de la misa, la mitad. No se entera Fran Machado que cuando hay un mínimo resquicio, un pequeño margen, una remota opción, por muy pequeña que sea, de poder entregar un balón a Güiza hay que entregárselo para que el jerezano se enchufe cuanto antes al partido y no comience a desesperarse. Saldrá o no, pero a Güiza hay que hacerle sentirse importante desde esos primeros minutos porque sino se te pone a pensar en sus cosas y, claro, debe tener miles. Debe ser una ley por la que ningún tuercebotas que no haya pisado la Primera ni como espectador pueda saltarse. Güiza, que está fatal, es el único capaz de abrir un libro de las ideas cadista que está ya polvoriento desde que los soltase Carlitos Caballero.

El caso es que el Cádiz CF salió con la idea clara de ir a por el partido, pero en frente se encontró más de lo mismo. Es decir, un conjunto aguerrido, que se sabe (como los últimos que han pasado por Carranza) de memoria las debilidades del vulgar equipo de Claudio, que apenas tiene ya la virtud de comenzar dominando en su propia casa. Está fea la cosa.

El Cádiz CF lo intentaba con ganas y poco más, pero lo cierto y verdad es que lo primeros pitos en la grada florecieron pasado el primer cuarto de hora y tras ver como la Balona gozaba de las mejores ocasiones del partido prácticamente sin hacer nada del otro mundo, como antes el Murcia, el San Roque de Lepe o el Betis B. Más de lo mismo… y la grada, no tardó en encenderse. Cifuentes tuvo más trabajo en veinte minutos que Álvaro Campos en las últimas ocho jornadas que precedieron al ‘play off’ que murió en Anduva. Este Cádiz CF está muy lejos de ese equipo que todo el mundo añora tener, pero es la triste y dura realidad.

Tuvo que pasar hasta 34 minutos de partido para que el Cádiz CF tuviera la decencia de presentarse en el área rival después de un buen pase de Hugo a la espalda de los defensas balonos al que Güiza llegó muy forzado para rematar con la mala suerte de encontrarse con la providencial intervención de Mateo, que con su pie derecho rechazó el peligró. Momentos después, fue Fran Machado el que remató alto y sin peligro un centro que, al menos, frenaba momentáneamente la indignación del público de Carranza.

La guerra se lidiaba en el centro del campo, donde los veteranos Abel y Mantecón eran marionetas en manos de Ximo Forner e Ismael Chico. La Balona dominaba, dormía y despertaba al partido cuando lo deseaba, metía contra las cuerdas al Cádiz CF cuando le apetecía, probaba fortuna desde fuera cuando quería, atacaba cuando le daba la gana… El Cádiz CF, tercer clasificado, era un pelele en manos de un equipo linense anclado en la zona de descenso pero con las ideas bastantes más claras de un equipo amarillo que se desdibuja por momentos. A poco del descanso, y tras el enésimo disparo de Juampe, Carranza explotó en pitos. Y así, una vez más, los chicos de Claudio abandonaron un campo al que volvieron con la misma poco chispa que con la que acabaron el primer periodo.

Pese a todo, el Cádiz CF la tuvo en las botas de Aridane casi que sin quererlo. El meta linense despejó mal dejando un balón franco dentro del área pequeña que el central canario ‘despejó’ peor mandándolo fuera rozando el palo. La gente ya no sabía si aplaudirle o pitarle, Qué se le va a hacer si el chaval no es un ‘9’ pensarían los más indulgentes de la grada.

Pasaban los minutos y el Cádiz CF volvía a perderse en un juego insulso, sin recursos, banal, inoperante. Tan chungo es lo que se estaba viendo que el público tributó con una ovación abrumadora, igual que los pitos que se llevó Mantecón al ser reemplazado, al canterano Alberto Quintana, que en esos momentos, ¿cómo no estará la cosa?, parecía la divinidad hecha futbolista para los aficionados. A todo esto, el crono seguía amontonando minutos al mismo tiempo que el Cádiz CF iba sumando imprecisiones hasta que el canterano Quintana mandó un pase milimétrico a Fran Machado, que tras salvar maravillosamente la salida de Mateo, y ya con todo para él, envió fuera con su zurda para profundo lamento de todo Carranza. Más cerca iba a ser difícil tenerla ya.

La Balona respondió con un acercamiento, facilitado caballerosamente por la defensa cadista, que se solventó con tres saques de esquina consecutivo sin mayor peligro pese a los continuos nervios de una zaga del Cádiz CF desnortada, descentrada y casi que descalificada por su propia hinchada.

Como no podía ser de otra forma este Cádiz CF tan mediocre solo podía adelantarse en el marcador tras una jugada aislada y sin mucho sentido, todo el que le dio Lolo Plá. Como el penalti que forzó ante una entrada a destiempo y torpe de Javi Gallardo y que fue transformado con suspense por Güiza, que tras ver como Mateo repelía su disparo desde los once metros, cebeceaba con el corazón el balón al fondo de las mallas.

La Balona apretó en busca del empate y cerca estuvo de encontrarlo de no ser por, primero, la intervención providencial de Cifuentes, que sacó un pie magistral a remate de un rival en una jugada invalidada por el linier, que consideró fuera de juego el asunto.

Álvaro García pudo sentenciar casi al final del partido pero volvió a fallar un mano a mano con el meta rival tal y como le pasó ya ante el Betis B.

Buscaba el encuentro su final sin que el Cádiz CF ni mucho menos diese muestras de controlar la victoria bajo ningún concepto. Es más, la Balona siguió siendo quien mandaba sobre el campo, quien decía hacia qué dirección iba el balón pero en todo momento evidenció porque se encuentra en la parte baja de la tabla a pesar de su buen fúlbol, mermado por su nulo acierto de cara a gol.